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	<title>Blog archivos - Arturo Pastor | Psicólogo</title>
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	<description>Psicólogo en Valencia</description>
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		<title>Dificutad para concentrarse: sobreestimulación y ritmo mental</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Arturo Pastor]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Feb 2026 18:00:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
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					<description><![CDATA[Es posible que últimamente tengas la sensación de que cada vez tienes más dificultad para concentrarte. Empiezas algo, te acuerdas de otra cosa, miras el móvil “un momento” y cuando quieres retomarlo ya no sabes en qué estabas. Al final del día notas cansancio, pero no la sensación de haber estado realmente presente en casi ... <p class="read-more-container"><a title="Dificutad para concentrarse: sobreestimulación y ritmo mental" class="read-more button" href="https://www.arturopsicologo.com/dificultad-para-concentrarse-sobreestimulacion-ritmo-mental/#more-2436" aria-label="Leer más sobre Dificutad para concentrarse: sobreestimulación y ritmo mental">Leer más</a></p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-2438" src="https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2026/02/Diseno-sin-titulo-9-300x194.png" alt="Dificultad para concentrarse" width="300" height="194" srcset="https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2026/02/Diseno-sin-titulo-9-300x194.png 300w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2026/02/Diseno-sin-titulo-9-1024x661.png 1024w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2026/02/Diseno-sin-titulo-9-768x496.png 768w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2026/02/Diseno-sin-titulo-9-1536x991.png 1536w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2026/02/Diseno-sin-titulo-9.png 1920w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Es posible que últimamente tengas la sensación de que cada vez tienes más dificultad para concentrarte. Empiezas algo, te acuerdas de otra cosa, miras el móvil “un momento” y cuando quieres retomarlo ya no sabes en qué estabas. Al final del día notas cansancio, pero no la sensación de haber estado realmente presente en casi nada.</p>
<p>No es solo que haya “muchas cosas que hacer”. También se ha ido construyendo una forma de estar en el mundo donde casi todo compite por tu atención. Y tu mente hace lo que puede para adaptarse a ese ritmo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Dispersión y concentración: qué nos pasa en el día a día</h2>
<p>Puede pasar con algo tan simple como sentarte a leer un artículo. Lees dos párrafos, te viene una notificación, piensas “ahora vuelvo”, contestas un mensaje, cambias de app, recuerdas un correo pendiente y cuando por fin vuelves al texto, tu cabeza está en otra parte.</p>
<p>No es que no quieras concentrarte. A veces incluso aparece cierta culpa: “con todo lo que tengo, ¿cómo puede costarme tanto centrarme?”. Lo que suele quedar fuera de esa culpa es el contexto: vivimos rodeados de estímulos diseñados para llamar nuestra atención, y la mente no es inmune a eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Cómo funciona la atención</h2>
<p>La atención no es un interruptor que se enciende o se apaga, es más bien un conjunto de procesos que nos ayudan a decidir dónde poner nuestros recursos mentales en cada momento. De forma muy simplificada, podemos distinguir dos movimientos:</p>
<ul>
<li>Un movimiento más interno, cuando tú decides a qué quieres prestar atención (por ejemplo, terminar un informe, escuchar a alguien, leer un libro).</li>
<li>Un movimiento más reactivo, cuando algo del entorno se impone: una notificación, un ruido, una imagen llamativa, un cambio de color en la pantalla.</li>
</ul>
<p>En algunos modelos se habla de atención dirigida desde dentro hacia fuera (a veces llamada control top‑down) y de atención capturada desde fuera (bottom‑up). En la práctica, esto significa que tu mente está constantemente negociando entre lo que tú quieres atender y lo que el entorno le pone delante como “urgente” o “atractivo”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Sobreestimulación y recompensa variable</h3>
<p>Las herramientas que usamos a diario —móvil, redes sociales, plataformas digitales— no son neutras: están construidas precisamente para llamar tu atención una y otra vez. Muchas de ellas se basan en lo que se conoce como refuerzo intermitente: no siempre que entras hay algo especial, pero a veces sí; y esa incertidumbre es lo que mantiene la conducta.</p>
<p>Las notificaciones, los “me gusta”, los mensajes nuevos o el simple gesto de actualizar un feed funcionan como pequeñas posibles recompensas que no sabemos cuándo van a aparecer. El cerebro se acostumbra a esta lógica de “quizá ahora sí” y empieza a buscar ese estímulo casi sin que haga falta una decisión consciente.</p>
<p>Con el tiempo, esto configura un modo de estar en el que cambiar de estímulo se vuelve lo normal: pasas de una app a otra, de una pestaña a otra, de una conversación a otra, con la sensación de que siempre hay algo más que podrías mirar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Residuo atencional: cuando una parte de ti se queda en la tarea anterior</h3>
<p>Cada vez que saltas de una tarea a otra, tu atención no se mueve completa y limpiamente. Una parte de tu mente se queda enganchada a lo que estabas haciendo antes: pensando en esa conversación, en ese correo o en ese vídeo que has dejado a medias.</p>
<p>A esto se le ha llamado residuo atencional: la fracción de atención que permanece atrapada en la actividad anterior cuando intentamos centrarnos en la siguiente. Ese residuo hace que te cueste más entrar de lleno en lo nuevo, que tardes más en concentrarte y que la sensación de dispersión aumente.</p>
<p>Cuando este ciclo se repite muchas veces al día, el resultado no es solo una ligera distracción, sino un cansancio mental que a veces cuesta nombrar: terminas el día con la impresión de haber estado “en todas partes y en ninguna”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Ritmo mental acelerado</h3>
<p>Si durante mucho tiempo tu mente se ve obligada a cambiar de foco con frecuencia, es comprensible que adopte un ritmo más acelerado. Empieza a anticipar el siguiente estímulo antes de que el actual termine, se acostumbra a recibir pequeñas dosis de novedad y le cuesta permanecer en experiencias más lentas.</p>
<p>No se trata de demonizar la tecnología ni de idealizar una vida sin pantallas. El problema no es tanto cada herramienta por separado, sino la suma de todas cuando configuran un día a día en el que casi no hay espacios donde la atención pueda descansar un poco o quedarse en un solo lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Consecuencias psicológicas de la dificultad para contentrarse</h2>
<p>Este ritmo mental acelerado y sostenido puede tener varias consecuencias, sin que eso signifique necesariamente un trastorno. Algunas personas describen:</p>
<ul>
<li>Dificultad para leer textos largos o ver una película sin mirar el móvil varias veces.</li>
<li>Sensación de cansancio al final del día sin saber muy bien “de qué”.</li>
<li>Impaciencia en conversaciones pausadas o actividades que no cambian de estímulo rápidamente.</li>
<li>La idea de que “ya no tienen la misma concentración de antes”, vivida con cierta culpa o autoexigencia.</li>
</ul>
<p>Mirarlo solo como “falta de fuerza de voluntad” suele aumentar la presión interna y disminuir la curiosidad por entender qué está pasando. Es más útil verlo como un modo de funcionamiento aprendido en un contexto concreto que, precisamente por ser aprendido, también puede modificarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Cuidar la atención en lugar de forzarla</h2>
<p>Si la atención se ha ido moldeando en un entorno de sobreestimulación, tiene sentido que el siguiente paso no sea forzarla aún más, sino empezar a cuidarla. Cuidar la atención no significa vivir desconectado del mundo, sino introducir pequeñas decisiones que la traten como algo valioso, no como un recurso infinito.</p>
<p>Algunas ideas sencillas pueden ser:</p>
<ul>
<li>Reducir el número de veces que cambias de tarea, más que prohibirte el móvil por completo.</li>
<li>Elegir un par de momentos del día sin multitarea (por ejemplo, una comida sin pantalla o un rato de lectura con el móvil lejos).</li>
<li>Darte permiso para tardar unos minutos en “aterrizar” cuando cambias de actividad, en lugar de exigirte concentración máxima instantánea.</li>
<li>Observar con curiosidad qué situaciones aceleran más tu ritmo mental y cuáles lo calman, sin juicio.</li>
</ul>
<p>La idea de fondo no es convertir el cuidado de la atención en otra tarea perfecta que cumplir, sino ir recuperando un espacio donde tu presencia pueda llegar con menos ruido. La atención no se fuerza como quien aprieta los dientes para aguantar; se protege, se acompaña y, poco a poco, se va encontrando de nuevo un ritmo más habitable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Preguntas frecuentes sobre atención, sobreestimulación y concentración</h2>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Es normal sentir que tengo más dificultad para concentrarme que antes?</strong></h3>
<p>Sí, es una experiencia muy extendida. No siempre habla de “un problema interno”, muchas veces tiene que ver con el tipo de entorno en el que vivimos y con cómo se organiza nuestro día a día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿La tecnología es “la culpable” de que me cueste concentrarme?</strong></h3>
<p>La tecnología no es la única responsable, pero sí influye. Más que buscar culpables, ayuda observar cómo la usamos, cuántas interrupciones genera y qué espacios sin pantalla tenemos realmente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Hacer varias cosas a la vez mejora mi atención?</strong></h3>
<p>La multitarea suele dar una sensación de productividad, pero a medio plazo suele dispersar más la atención y aumentar el cansancio mental. Cambiar menos de tarea suele ayudar más que “hacerlo todo a la vez”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Necesito dejar el móvil para recuperar mi concentración</strong></h3>
<p>No necesariamente. A veces es más realista empezar por ajustes pequeños: decidir en qué momentos quieres tener el móvil lejos, silenciar notificaciones concretas o evitar revisar el teléfono de forma automática en cada pausa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?</strong></h3>
<p>Puede ser útil consultar con un profesional cuando la dificultad para concentrarte interfiere de forma clara en tu trabajo, estudios o relaciones, o cuando se acompaña de mucha ansiedad, desánimo o sensación de bloqueo continuado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>También te puede interesar:</h2>
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<p>&nbsp;</p>
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		<title>A la mierda con tanto positivismo tóxico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Arturo Pastor]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Mar 2022 09:55:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
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					<description><![CDATA[Me declaro enemigo del pensamiento positivo y el inevitable positivismo tóxico que cada vez infesta más la sociedad y la manera de “entender” la salud emocional y la manera de relacionarnos hoy en día. Sirva pues este artículo como una manifestación de guerra contra todos esos coaches, “psicólogos” de medio pelo, gurús (en serio, ¿quién ... <p class="read-more-container"><a title="A la mierda con tanto positivismo tóxico" class="read-more button" href="https://www.arturopsicologo.com/a-la-mierda-con-tanto-positivismo-toxico/#more-1409" aria-label="Leer más sobre A la mierda con tanto positivismo tóxico">Leer más</a></p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignnone wp-image-1410 size-medium" src="https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/light-box-gc57efabfb_1920-300x200.jpg" alt="Positivismo tóxico pensamiento positivo" width="300" height="200" srcset="https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/light-box-gc57efabfb_1920-300x200.jpg 300w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/light-box-gc57efabfb_1920-1024x683.jpg 1024w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/light-box-gc57efabfb_1920-768x512.jpg 768w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/light-box-gc57efabfb_1920-1536x1024.jpg 1536w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/light-box-gc57efabfb_1920.jpg 1920w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p style="text-align: justify;">Me declaro enemigo del pensamiento positivo y el inevitable positivismo tóxico que cada vez infesta más la sociedad y la manera de “entender” la salud emocional y la manera de relacionarnos hoy en día. Sirva pues este artículo como una manifestación de guerra contra todos esos coaches, “psicólogos” de medio pelo, gurús (en serio, ¿quién se llama a sí mismo “gurú” y se queda tan ancho?) y charlatanes varios que ocupan las portadas de libros de autoayuda que te venden remedios mágicos en el gran negocio de la felicidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez estés ahora mismo pensando “vale, pero ¿por qué dices eso?” o “¿qué razones y argumentos tienes para adoptar esa postura?”. Bien, vayamos por pasos.<span id="more-1409"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>¿Qué es el positivismo tóxico?</strong></h2>
<blockquote>
<p style="text-align: right;">‹‹Es como una gran caca pintada de purpurina: de lejos te deslumbra, pero te acercas, apesta y te entran ganas de vomitar››.<br />
Estela Reynolds<br />
(La que se avecina. Personaje de ficción)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El positivismo tóxico consiste en autoimponernos una actitud falsamente positiva, aparentando un estado de felicidad y optimismo sea cual sea la situación. Esto conllevaría el silenciamiento de estados emocionales desagradables como la tristeza o el enfado. Ojo, estas emociones siguen existiendo. La cosa es no hacerles caso.</p>
<p style="text-align: justify;">Seguro que te ha pasado, en alguna ocasión, estar pasando por un momento de tu vida complicado y, al compartir tus sentimientos con algún amigo o alguna amiga, haber recibido como feedback que tienes que intentar ser más positivo/a. Algunos ejemplos típicos que conllevan este mensaje implícito podrían ser:</p>
<ul>
<li>“Todo sucede por una razón”</li>
<li>“Solo buenas vibras”</li>
<li>“El tiempo lo cura todo”</li>
<li>“Todo sucede por algo”</li>
<li>“Piensa en todo lo que vas a aprender gracias a esto”</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Lanzo “vivécdota” (si eres fan de Buenafuente y de Berto Romero entenderás esta palabreja). Hace muchos años tuve mi primer “rollete”. Por mi inexperiencia de aquel momento, viví aquella experiencia con mucha intensidad y cuando ella decidió ponerle fin lo pasé francamente mal. Desolado decidí pedir ayuda a mi mejor amigo de aquel entonces, en quien buscaba una compañía con quien compartir mi tristeza y mi rabia.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, él pensó que lo que yo necesitaba era distraerme y no sumirme en esas emociones, por lo que acudió al encuentro con un porro liado y me dijo que me vendría bien pasar un buen rato. Evidentemente, cuando el <em>colocón</em> pasó el problema no había desaparecido y yo me sentía incluso peor que antes, pues mi necesidad real era dar expresión a lo que sentía, no taparlo bajo una dosis de marihuana. Por cierto, que las adicciones suelen surgir de esta manera. Y cuanta más mierda “necesites” tapar, más carne de adicción serás. Yo, afortunadamente, me libré.</p>
<p style="text-align: justify;">No sé si utilizarás Tinder. Yo soy usuario ocasional. Es muy común encontrarme con chicas que ponen en sus descripciones cosas tales como “<em>Good vibes</em>” o “O aportas o te apartas”. Mi recomendación como psicólogo (y desde el sentido común) es que si te encuentras con chicos o chicas así huyas. Esas personas se aprestarán fácilmente a invalidar tus emociones más desagradables o a dejarte de lado. O incluso tratarán de hacerte sentir mal por ello. Huye especialmente si estás pasando por un momento complicado. No están dispuestas a acogerte y validarte.</p>
<p style="text-align: justify;">Y te diré otra cosita, de esas que hacen que la gente crea que los psicólogos leemos la mente: si contigo no están dispuestas a validar tus mierdas, tampoco lo estarán con las suyas propias, por lo que es difícil tratar con ellas cuando haya problemas pues querrán hacerte a ti responsable de todo lo que les ocurra. Esto en psicología lo llamamos con una palabreja que a mi me encanta utilizar y que se denomina “Proyección”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué es perjudicial tanto pensamiento positivo?</strong></h2>
<blockquote>
<p style="text-align: right;">«Cualquier intento de escapar de lo negativo —evitarlo, sofocarlo o silenciarlo— fracasa. Evitar el sufrimiento es una forma de sufrimiento. La negación del fracaso es un fracaso».</p>
<p style="text-align: right;">Mark Manson<br />
“El sutil arte de que todo te importe una mierda» (2018)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Para contestar esta pregunta te daré un poco la lata con la teoría de la psicoterapia Gestalt. Desde esta corriente, consideramos cada una de las situaciones vitales, emociones, conflictos y crisis como un proceso. Esto quiere decir que cualquier asunto que se abra requiere un tránsito hasta llegar a su cierre. Si esto no ocurre, el asunto en cuestión queda inconcluso. La energía se estanca y nos quedamos con esa cosa a cuestas, sin querer reconocerla y darle su espacio.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto es lo que ocurre con el positivismo tóxico. Tanto énfasis en querer ver el lado bueno de las cosas requiere, necesariamente, un no querer ver lo malo. A su vez, hemos de tener en cuenta que ver las emociones en términos de “buenas” y “malas” ya supone un juicio y, por tanto, una predisposición a invalidar las emociones desagradables.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que quiero decir con todo esto es que precisamente la mejor manera de quedarnos aferrados y estancados en lo doloroso es no querer reconocerlo y darle su espacio. Porque si estás pasando una situación jodida, ¿cómo carajo pretendes que no te afecte ni te duela? No es necesario recurrir a evidencias científicas ni locas teorías psicológicas para entender esto. A veces, el mejor maestro es el sentido común. Pero precisamente la neurosis consiste en no poder permitirnos el sentido común.</p>
<p style="text-align: justify;">Y si conoces a alguien que lo está pasando mal, no es necesario que te devanes los sesos buscando la manera de conseguir que esa persona se distraiga o se vuelva feliz en “cero coma”. Tal vez lo que más necesita sea algo tan simple como un café mientras le escuchas y le haces ver que puede compartir su malestar contigo y que estás ahí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>Entonces, ¿para qué sirve estar mal?</strong></h2>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Pues porque en la vida no todo es color de rosa y que vivir implica necesariamente pasar por experiencias dolorosas.</p>
<p style="text-align: justify;">En mis primeras experiencias con pacientes, realizando las prácticas de un máster en un pueblo de Valencia, trabajé con una de las personas con quien más he aprendido. Se trataba de una mujer inmigrante, con dos hijos en edad escolar, sin trabajo estable que recientemente había sido abandonada sin previo aviso por su marido, de quien recibía todo sustento.</p>
<p style="text-align: justify;">Al comienzo de su proceso, durante las primeras sesiones, no era capaz de salir del discurso de “Estoy mal” y “No puedo”. Y me refiero literalmente. Solo pronunciaba estas dos frases. Además, podía percibir en el tono con que pronunciaba estas dos frases un deje de automachaque. Y esta fue la clave. El “cómo” es lo más importante, mucho más que el “por qué”. Nos habla de la manera de experimentar nuestra realidad. Para ella era horrible esto de no poder y de estar mal. Y durante un tiempo vivió estancada en este asunto, dando como resultado una depresión clínica.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras varias sesiones de exploración, fuimos viendo cómo contribuían a este estancamiento y a este machaque el discurso de personas de su entorno que le insistían en que tenía dos hijos y que tenía que estar bien para sacarlos adelante. Pero vamos a ver, almas de cántaro. Esta mujer, que ha abandonado su vida en su país y viajado hasta España bajo la promesa de su marido de que tiene aquí trabajo para vivir una vida mejor y que se va a ocupar de ellos, de repente se ve abandonada, con dos hijos. Desgranemos esta frase para entrever los “traumitas” que contiene:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Su marido, la persona a la que ama, la abandona sin avisar.</li>
<li>Ha dejado la seguridad de su hogar con la esperanza de tener una vida mejor y este sueño se ve truncado de la noche a la mañana, quedándose sin nada.</li>
<li>A parte de sí misma, tiene a su cargo dos niños pequeños, con la presión que supone criarlos cuando te han dejado con una mano delante y otra detrás.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Explicadme bajo qué premisa psicológica, existencial, espiritual, cósmica (o lo que coño sea) puede esta mujer tener una actitud positiva y optimista ante la vida en ese momento de su existencia. Es de locos. Sé que estas personas le decían esto con la mejor de las intenciones, pero como ya dijera Nietzsche: “El camino hacia el infierno está pavimentado de buenas intenciones”.</p>
<p style="text-align: justify;">Os diré una cosa. Lo que más le quita la energía a una persona no es la tristeza o el duelo en sí mismo (o el enfado, el asco o cualquiera de las emociones que queramos estigmatizar). Lo que más nos quita la energía es el juego de la auto-tortura al que jugamos cuando nuestra regulación organísmica nos impone la necesidad de estar en esa emoción (la tendencia natural, vamos) pero nuestra cabeza, con nuestros juicios y distorsiones cognitivas, nos exige no pasar por ahí, poque “no podemos permitírnoslo”. Es como un choque de trenes. La energía natural fluye en una dirección, pero la energía que ponemos en no pasar por ahí fluye en la dirección contraria colapsando. Ahora arregla eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Ironías de la vida, si simplemente nos dejamos sentir esas emociones, la cosa fluye mucho mejor. Y créeme, si te sientes así es porque esa situación merece tu atención y lo coherente para abordarla es desde la honestidad emocional.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, aunque es difícil por la naturaleza intrínseca de las situaciones jodidas, es mucho más fácil y posible seguir funcionando en la vida. Porque, ¿quién te ha dicho que no puedes vivir con tristeza, con rabia o con miedo?</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando esta mujer fue capaz de permitirse esa desolación, toda esa rabia y tristeza sin juzgarse a sí misma pudo volver a funcionar adelante en su vida. Y me siento orgulloso por su trabajo, por el mío, por el de ambos, durante el proceso terapéutico. Pues en cierto momento, transcurridos unos meses, su marido volvió de repente, igual que se fue, y la respuesta de ella fue cerrarle la puerta.</p>
<p style="text-align: justify;">Chapó.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right;">‹‹No necesitamos que nuestros pacientes se distorsionen a sí mismos, no necesitamos que sean optimistas; necesitamos que tengan la capacidad de afrontar la realidad, con lo bueno y con lo malo, para poder reaccionar a lo que pasa y no automanipularse en un sentido u otro. Han de ser capaces de encarar la realidad disfrutando de lo bueno, sintiéndose capaces de aguantar el golpe de lo malo sin romperse y, sobre todo, responsabilizándose de eso que no funciona para cambiarlo».</p>
<p style="text-align: right;">Olea, Buenaventura Del Charco. Hasta los cojones del pensamiento positivo (Spanish Edition) (p. 20). Samarcanda.</p>
</blockquote>
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		<title>Juicio y confesión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Arturo Pastor]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Feb 2021 15:08:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
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					<description><![CDATA[Toda mi vida me he visto sometido a juicios. Principalmente morales. Y tengo que decir que gran parte de mi carácter, mi manera de funcionar y mi motor a la hora de tomar decisiones, ha sido desde el juicio polar bien/mal. Si “algo” me decía que estaba bien, pues entonces lo hacía. Si me decía ... <p class="read-more-container"><a title="Juicio y confesión" class="read-more button" href="https://www.arturopsicologo.com/juicio-y-confesion/#more-716" aria-label="Leer más sobre Juicio y confesión">Leer más</a></p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" src="https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/hammer-719066_1920-300x225.jpg" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" srcset="https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/hammer-719066_1920-300x225.jpg 300w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/hammer-719066_1920-1024x768.jpg 1024w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/hammer-719066_1920-768x576.jpg 768w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/hammer-719066_1920-1536x1152.jpg 1536w, https://www.arturopsicologo.com/wp-content/uploads/2021/02/hammer-719066_1920.jpg 1920w" alt="Juicio y confesión" width="300" height="225" /></p>
<p style="text-align: justify;">Toda mi vida me he visto sometido a juicios. Principalmente morales. Y tengo que decir que gran parte de mi carácter, mi manera de funcionar y mi motor a la hora de tomar decisiones, ha sido desde el juicio polar bien/mal. Si “algo” me decía que estaba bien, pues entonces lo hacía. Si me decía que no estaba bien, no lo hacía. Y si no tenía certeza alguna… vacilaba y me paralizaba. La de problemas y conflictos que me he encontrado por esto mismo en ambientes laborales… (me autoconfieso). Pero, ¿qué está bien y qué está mal? ¿Quién hace de juez en este asunto? Empecemos por el principio.<span id="more-716"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Hace relativamente poco que escuché una frase muy parecida a esta: «<i>Cuando comprendes que toda opinión es una visión cargada de historia personal, empezarás a comprender que todo juicio es una confesión». </i>La frase que escuché era un poco más simple, imagino que se había visto modificada por el boca a boca, pero indagando me encontré con esta joya de Nicola Tesla. Espero que lo que leas a continuación te ayude a comprenderla.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo, al igual que cualquier terapeuta humanista, considero que llegamos al mundo siendo individuos plenos. ¿A qué me refiero con esto? A que estamos completamente en contacto con nosotros/as mismos/as de manera ininterrumpida. Fijémonos en un bebé recién nacido. Si tiene hambre, pide comida. Si tiene sueño, duerme sin importar la hora que sea. Si necesita que le limpien, lo pide. Vive continuamente conectado con un estado de placer primario que se ve alterado, de vez en cuando, por interrupciones de displacer que llamamos necesidades. Automáticamente, lo comunica a sus cuidadores, esperando ser atendido lo más rápido posible y recuperar su estado placentero natural, lo que llamamos recuperar la homeostasis, el equilibrio organísmico.</p>
<p style="text-align: justify;">La tendencia natural e innata en el ser humano adulto es la misma que en un recién nacido. Buscamos, o más bien, anhelamos, el placer por el placer. Ese placer primitivo del que disfrutábamos en el pecho de nuestras madres. Pero, desgraciadamente, esta tendencia se ha corrompido. Ya no estamos tan en contacto con nosotros mismos como el pequeño lactante. Ahora, hay ciertas necesidades que nos cuesta satisfacer e, incluso, reconocer. Y sin esta satisfacción, imposible recuperar la homeostasis, el estado placentero del que venimos hablando. A esto, en psicología, lo llamamos neurosis. ¿Qué tiene todo esto que ver con los juicios? Mucho.</p>
<p style="text-align: justify;">Volvamos al ejemplo del bebé. A medida que crezca, se irá encontrando con barreras y limitaciones que le irán imponiendo los adultos que se encargan de él. Antes, si tenía hambre, sólo tenía que llorar para que la mamá o el papá satisficiera su necesidad. Ahora, cuando tenga hambre, podrá encontrarse con frases del tipo: «Aún no es hora de comer». El mensaje implícito en este tipo de respuestas es: «Te estás equivocando al expresar tu necesidad, es mejor que te la guardes para ti, porque yo no la voy a validar. Es más, voy a decirte en qué momentos es únicamente lícito que la manifiestes, porque yo sé más que tú y yo decido (a mi juicio) cuando es conveniente que comas».</p>
<p style="text-align: justify;">Este es un mero ejemplo, pero la infancia está plagada de mensajes por el estilo. Podríamos ver el ejemplo también de un/a niño/a que ha aprendido que para conseguir validación es necesario ser educado/a, obediente, sumiso/a, etc. Uno de los peores escenarios posibles es el del niño que tiene que pedir permiso para satisfacer cualquier necesidad (sé de casos que incluso para ir al aseo). De esta forma, vamos perdiendo confianza en nuestra capacidad para identificar nuestras necesidades y satisfacerlas de manera autónoma. En el peor de los casos, nos alienamos de nosotros/as mismos/as, reprimimos esas necesidades que tantos problemas acarrearon a nuestros cuidadores, pues decidieron no darles validez. En otros casos, tendremos dificultades para satisfacerlas, pues nuestros cuidadores decidieron por nosotros/as cuándo y cómo satisfacerlas, dificultando el desarrollo de nuestra autonomía a la hora de tomar decisiones.</p>
<p style="text-align: justify;">En cualquier caso, ya no nos fiamos de la sabiduría de nuestro organismo, sino que empleamos una referencia que se nos ha impuesto desde el exterior y que, sin darnos cuenta, hemos interiorizado y asumimos como propia, cuando no lo es. Y esto tiene mucho que ver con la capacidad de decir “No”. Como decíamos antes, es fácil que nuestros cuidadores nos inculquen la condición de ser obedientes, buenos y sumisos para validarnos y aceptarnos. Sin embargo, el problema se recrudece cuando, además, te enseñan que si te niegas a hacer lo que dicen es que «eres un niño malo», «eres muy desobediente», etc.</p>
<p style="text-align: justify;">El ser humano no está pensado para ser autónomo a esta edad tan temprana, y el niño teme intuitivamente por su vida si no se gana el amor de sus padres, por lo que asume el juicio de sus cuidadores como propio. Así, este niño o esta niña se identificará con el niño bueno o la niña buena y obediente, y se alienará de su capacidad para decir “no”, pues ha aprendido que es de ser un/a maleducado/a o que es de ser mala persona. Y de esta forma se va formando la base desde la cual la persona adulta emitirá sus juicios hacia los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, te invito a que pienses un poco en tu experiencia de vida y busques mensajes que hayas recibido de ese estilo. De la misma forma, piensa en situaciones en las que te ves con el impulso de realizar un juicio. ¿Hallas alguna relación? Tal vez aún cueste un poco. Sigue leyendo a ver si las próximas líneas te ayudan.</p>
<p style="text-align: justify;">Imagínate toda esta amalgama de mensajes durante el desarrollo evolutivo del niño o de la niña. Todas estas necesidades y formas de actuar que se han visto invalidadas pasarán a ser, del mismo modo, juzgadas por el juez interno del niño, ahora adulto. El problema es que no es realmente él quien las juzga, sino lo que aprendió de sus padres (en terapia Gestalt, lo llamamos introyección). Y estos comportamientos que está poniendo en tela de juicio serán precisamente los que le causarán molestias en otras personas. Pero no sólo eso, sino que muchas de estas conductas que no se está permitiendo podrían ser necesarias para satisfacer muchas de las necesidades con las que está teniendo dificultades para satisfacer.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, me gustaría que, junto con la pregunta anterior, te plantearas qué necesidades te está costando satisfacer o darte cuenta de que necesitas satisfacerlas y que mires si tienen también relación con esas conductas que te ves más inclinado/a a juzgar.</p>
<p style="text-align: justify;">Para finalizar, te invito a que, cuando te sientas juzgado o juzgada por alguien, trates de no ofenderte, y busques las pistas que te digan por qué esa persona reacciona de esa manera. Recordemos que los juicios son prácticamente como una confesión. Dicen más de esa persona, de lo que no se permite, que de ti misma/o.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, al contrario, cuando juzgues a una persona, trata de ver qué mensajes absorbiste en tu infancia y cómo te pueden estar perjudicando. Y plantéate si lo que juzgas podría ser una solución a tus conflictos. El ejemplo más sencillo es el de la persona que aprendió que decir “no” estaba mal. De este modo, será fácil que juzgue a los individuos que se permiten decir que “no” como malas personas o malos amigos o amigas. Seguramente, lo que esté necesitando sea decir más a menudo “no”.</p>
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		<title>Una mirada tierna hacia el otro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Arturo Pastor]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Dec 2020 13:39:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
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					<description><![CDATA[Me siento inquieto. Quiero escribir acerca de la empatía, pero no quedarme en un mero “hablar sobre”, sino hablar la empatía. Acercaros un poco de mi experiencia, sin quedarme en un estar dando vueltas sobre un concepto meramente abstracto. Sería muy fácil explicar qué es la empatía, pero para ello me podría limitar a buscar ... <p class="read-more-container"><a title="Una mirada tierna hacia el otro" class="read-more button" href="https://www.arturopsicologo.com/una-mirada-tierna-hacia-el-otro-empatia-mirada-empatica/#more-696" aria-label="Leer más sobre Una mirada tierna hacia el otro">Leer más</a></p>]]></description>
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									<p><span style="color: #000000;">Me siento inquieto. Quiero escribir acerca de la empatía, pero no quedarme en un mero “hablar sobre”, sino hablar la empatía. Acercaros un poco de mi experiencia, sin quedarme en un estar dando vueltas sobre un concepto meramente abstracto. Sería muy fácil explicar qué es la empatía, pero para ello me podría limitar a buscar su significado en un diccionario o a indagar sobre diversas disertaciones que otros psicólogos y psicólogas hayan hecho sobre el tema en sus redes sociales o en sus respectivas páginas webs. No quiero eso.</span></p></div></div></div></div></div></section></div><p class="read-more-container"><a title="Una mirada tierna hacia el otro" class="read-more button" href="https://www.arturopsicologo.com/una-mirada-tierna-hacia-el-otro-empatia-mirada-empatica/#more-696" aria-label="Leer más sobre Una mirada tierna hacia el otro">Leer más</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Hagamos un drama</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Arturo Pastor]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Nov 2020 11:07:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace un momento, me hallaba compartiendo con una buena amiga algunas experiencias íntimas dolorosas. Ahora, me hallo reflexionando, mientras escribo, sobre cómo nos farsanteamos socialmente, sobre todo al conocer gente, fingiendo que todo nos va bien. Típico cliché: –Hola, ¿qué tal? –Bien, ¿y tú? –Bien también. ¿Es esto real en la mayoría de los casos, ... <p class="read-more-container"><a title="Hagamos un drama" class="read-more button" href="https://www.arturopsicologo.com/hagamos-un-drama-dramatizar-dramatizacion/#more-672" aria-label="Leer más sobre Hagamos un drama">Leer más</a></p>]]></description>
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									<p>Hace un momento, me hallaba compartiendo con una buena amiga algunas experiencias íntimas dolorosas. Ahora, me hallo reflexionando, mientras escribo, sobre cómo nos farsanteamos socialmente, sobre todo al conocer gente, fingiendo que todo nos va bien. Típico cliché:</p>
<p>–Hola, ¿qué tal?</p>
<p>–Bien, ¿y tú?</p>
<p>–Bien también.</p>
<p></p></div></div></div></div></div></section></div><p class="read-more-container"><a title="Hagamos un drama" class="read-more button" href="https://www.arturopsicologo.com/hagamos-un-drama-dramatizar-dramatizacion/#more-672" aria-label="Leer más sobre Hagamos un drama">Leer más</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>De la terapia Gestalt y de la importancia de crear</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Arturo Pastor]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Jul 2020 09:17:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace escasos instantes me encontraba tumbado en el sofá, comenzando la lectura de la Charla III de Fritz Perls publicada en el libro “Sueños y Existencia”. El capítulo comienza hablando de la importancia del aquí y el ahora. Nada existe si no es en el presente. El pasado ya no existe, el futuro aún no ... <p class="read-more-container"><a title="De la terapia Gestalt y de la importancia de crear" class="read-more button" href="https://www.arturopsicologo.com/de-la-terapia-gestalt-y-de-la-importancia-de-crear/#more-177" aria-label="Leer más sobre De la terapia Gestalt y de la importancia de crear">Leer más</a></p>]]></description>
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									<p><span style="text-align: justify; color: #000000;">Hace escasos instantes me encontraba tumbado en el sofá, comenzando la lectura de la Charla III de Fritz Perls publicada en el libro “</span><em style="text-align: justify; color: #000000;">Sueños y Existencia</em><span style="text-align: justify; color: #000000;">”. El capítulo comienza hablando de la importancia del aquí y el ahora. Nada existe si no es en el presente. El pasado ya no existe, el futuro aún no ha llegado. Si recordamos, lo hacemos desde el presente, y alguna motivación tenemos en este preciso momento para hacerlo. Si anticipamos, de nuevo es en el presente y de nuevo tenemos una motivación en este momento para hacerlo.</span></p>								</div>
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