Bullying: vergüenza, secuelas psicológicas y efectos en la vida adulta

secuelas del bullying en la vida adulta

Introducción

Las secuelas del bullying en la vida adulta son frecuentes y pueden incluir baja autoestima, vergüenza y dificultades en las relaciones, afectando a quienes vivieron acoso escolar en la infancia. Veamos el siguiente testimonio:

“No me identificaba con ningún compañero, me sentía solo. Ante las agresiones no me defendía, pero experimentaba arranques de ira fuera del instituto. Nunca sentí que mis amigos me ayudaran y el día a día era una pelea constante conmigo mismo…

Me convertí en una piedra. No hablé de nada de esto con nadie, sentía mucha vergüenza. Tuve que reconstruirme desde cero y dejar de ser la personas que era”.

 

Relato de una víctima de bullying al iniciar terapia

Esta es una experiencia común en las personas que han experimentado bullying en su infancia y adolescencia. La tendencia natural del niño o adolescente que lo sufre es la de ocultar, por miedo o vergüenza, lo que está ocurriendo y, con el tiempo, desarrollar estrategias de evitación para tratar de sobrevivir a una situación para la cual se siente absolutamente indefenso, sin recursos con los que enfrentarse al problema. La sensación de soledad puede ser abrumadora.

En este artículo vamos a tratar de profundizar en todo esto, dar respuesta a por qué esto ocurre de esta manera, qué repercusiones tiene esta experiencia sobre el autoconcepto de las personas que sufren el bullying y cuáles pueden ser las repercusiones.

Para ello, será importante dar alguna pinceladas sobre cuestiones más básicas, como conceptualizar con detalle qué es el bullying, qué papel juegan los observadores (y por qué esto es importante) y explicar en detalle qué es en realidad la vergüenza, una emoción mucho más compleja de lo que podemos pensar, cómo se configura y cómo acompaña a la persona hasta la adultez, pudiendo afectar a diversas áreas de su vida. 

 

Qué es el bullying

El colegio constituye el principal ambiente en el que los niños comienzan a establecer relaciones igualitarias. Esto adquiere su máxima importancia en la adolescencia, periodo que se caracteriza por importantes cambios en las relaciones interpersonales. Serán los grupos de iguales con quienes los adolescentes aprenden a conocerse a sí mismos, construyen su propia representación del mundo y adquieren las destrezas necesarias para integrarse en la sociedad.

En este contexto, el acoso escolar (o bullying, en inglés) supone una perversión de estas relaciones igualitarias en tanto que dejan de ser paritarias y simétricas, convirtiéndose en desequilibradas y reguladas por un esquema de dominio-sumisión.  Se ha definido el bullying como una “forma de comportamiento violento, injustificado, intencional, dañino y persistente, constante o repetitivo que corresponde al tipo de violencia-castigo por su característica de unidireccionalidad y que ocurre entre personas cuya relación es aparentemente igualitaria” (Asebey, 2012).

No hemos de caer en el error de reducir esta dinámica a un juego de dos: la víctima y el agresor. Existe un tercer componente que juega un rol fundamental: los observadores. Por observadores entendemos cualquier compañero o compañera que sea testigo de las agresiones y que adopta una postura pasiva, sin intervenir en defensa de la víctima.

 

¿Por qué los observadores juegan un rol fundamental?

Como se ha mencionado, es en las relaciones entre iguales donde los adolescentes crean sus propias representaciones del mundo y sobre sí mismos. Será la inacción de estas terceras personas las que:

  1. Permitan que estas dinámicas de agresión se mantengan (diversos estudios han verificado que los agresores mantienen su conducta porque no sienten el rechazo de sus compañeros).
  2. Promueva que las víctimas creen una representación del mundo como un espacio inseguro del que no es posible obtener apoyo y fomentando una creciente desconfianza.

Además, esto último se verá exacerbado si la víctima generaliza el rechazo y la hostilidad que percibe en el agresor al resto de compañeros y compañeras. Algo aún más determinante en la adolescencia, donde el autoconcepto está en construcción. La víctima irá interiorizando una visión de si misma negativa, lo que se traduce en sentimientos profundos de vergüenza, una emoción que puede ser devastadora y que constituye la base de los traumas complejos y la antesala de problemas psicológicos como la falta de autoestima, la depresión o, incluso, el suicidio.


Cómo afecta la vergüenza a la autoestima adulta

La vergüenza, así como la culpa, son emociones morales relativas a la autoconsciencia. Esto quiere decir que son evocadas por la autorreflexión y la autoevaluación, e incluyen la inhibición de actos punitivos, la representación de acciones prohibidas, el significado de conceptos como bueno/malo o justicia e ideal, así como la aceptación de diversas obligaciones sociales. Su función principal es proporcionarnos una retroalimentación sobre la aceptabilidad social y moral de nuestra conducta, por lo que adquieren una gran importancia en el contexto del ser humano como un ente que convive en sociedad, actuando como emociones reguladoras de nuestra conducta y motivándonos a reparar los daños que podamos ocasionar.ç


¿En qué se diferencia la vergüenza de la culpa?

La culpa surge de la evaluación de una acción realizada concreta y se acompaña de emociones como el pesar, la aflicción, la tristeza, el miedo o el arrepentimiento, provocando en el individuo el deseo de pagar la culpa o de reparar el daño ocasionado.

La vergüenza implica un juicio adverso contra uno mismo por una conducta que se interpreta como transgresora de los valores propios: la persona se siente degradada, defectuosa o que no es lo que esperaba o debería ser. Estas autoevaluaciones conllevan una reducción del autorrespeto y el autoconcepto, lo que conduce al temor al rechazo y la tendencia a ocultarse o aislarse de los demás.

Quisiera remarcar las conductas que se derivan de ambas emociones, siendo la culpa motivadora de la reparación de daños ocasionados por las acciones propias, y la vergüenza la motivadora del aislamiento y la evitación de los demás.

 

El bullying y la vergüenza en la víctima

El acoso escolar mina varios aspectos importantes del autoconcepto y la percepción de valía de sí mismo de la persona que lo sufre. Afecta también a la seguridad percibida en el entorno e influirá en su sistema de creencias acerca del mundo que lo rodea y que le acompañará en su propia vida.

Lo anterior, actuando como un todo, puede ser devastador. El niño asume su percepción del mundo como un entorno potencialmente hostil y amenazador del que, además, no es posible obtener el apoyo que necesita (esto constituye su sistema de creencias sobre el mundo). Por otro lado, a esto sumamos que este niño desarrolla un autoconcepto pobre de sí mismo, en el que se incluye que no es capaz de defenderse de los peligros que este mundo hostil le depara.

Además, su dignidad queda seriamente dañada y cuestionada debido a la perseverancia en el acoso, que le transmite el mensaje implícito de que algo no está bien en él, que no es merecedor de un trato más digno, que es alguien a quien se puede difamar, golpear y aislar porque no se le considera lo suficientemente valioso y que, además, no va a venir nadie de fuera a castigar o intervenir sobre la conducta del acosador, lo cual no hace sino confirmar todas estas creencias que el niño va desarrollando sobre sí mismo.

Cuando esto es constante, el niño o el adolescente puede llegar a pensar que todo esto es merecido por el simple hecho de ser quien es o por tener la apariencia que tiene, y que no depende de sus actos, sino de su ser en el mundo. Su autoestima en construcción queda seriamente dañada, lo cual conlleva severas implicaciones sobre todo en la adolescencia, momento clave en su proceso de individuación y de formación de su propia identidad.

Se construye así la vergüenza, que pasa a formar parte de su núcleo identitario. Esta es una emoción que, por su propia naturaleza, habita en el silencio. La vergüenza se avergüenza de sí misma y, por lo general, queda fuera de la consciencia del individuo, que desarrollará sus oportunos mecanismos de defensa para evitar sentirla, siendo el más potente la autocrítica.

 

Señales de repercusiones emocionales tras el bullying

Como ya hemos visto, el niño que sufre bullying acaba desarrollando una visión negativa sobre sí mismo (baja autoestima, baja percepción de autovalía y dignidad personal, vergüenza…) y sobre el mundo que le rodea, percibiéndolo como amenazante y sin oportunidades de apoyo. Siendo la adolescencia una etapa vital en que las personas se encuentran en plena construcción de su identidad, estas experiencias configurarán determinantemente su sistema de creencias acerca del mundo y sobre sí mismos. Es decir, los adolescentes son mucho más vulnerables a que estas experiencias arraiguen en su interior y sean asumidas como parte de su identidad.

De esta forma, las consecuencias psicológicas son arrastradas hasta la edad adulta, influyendo en otros momentos clave típicos de la vida de toda persona, como la búsqueda de empleo, la percepción de seguridad en el seno de un grupo de trabajo, la búsqueda de pareja y construcción de una familia, el deseo y la motivación para involucrarse en actividades grupales, etc.

Desgraciadamente, muchas veces todos estos procesos se dan a un nivel preconsciente. Pocas personas que no hayan llevado a cabo un proceso terapéutico son conscientes de sus creencias sobre sí mismos, de su autoconcepto real o sobre las creencias que tienen sobre el mundo como un lugar hostil y peligroso, así como la manera en que su experiencia de vida ha ido moldeando todo esto. Podemos entenderlo con la metáfora del iceberg: la mayor parte de la base y el cuerpo del iceberg se hayan bajo la superficie del agua, mientras que la parte observable constituye el pico de iceberg.

 

La base del iceberg: la experiencia de vida y las creencias sobre sí mismo y el mundo

Me gustaría remarcar que con “experiencia de vida” no me estoy refiriendo únicamente a la experiencia de acoso, sino a cualquier experiencia que haya podido contribuir a su aprendizaje. Hagamos una breve pausa en este punto, ya que me gustaría señalar una cosa. Para un crecimiento óptimo es importante experimentar tanto lo bueno como lo malo e integrarlo en una única experiencia: la experiencia de vivir. Pero pongámonos ahora en la piel de un niño que está siendo víctima de abuso en el colegio. Ya hemos mencionado que, a medida que se persevera en esta violencia, el niño va introyectando una imagen de sí mismo como la de alguien que no merece ser tratado con dignidad, que no es merecedor de amor ni de respeto y que por eso nadie acude en su ayuda.

Fruto de estas creencias aparece la vergüenza, emoción que, como ya hemos visto, conduce al aislamiento, al no querer mostrarnos. El niño tratará de pasar de puntillas para atraer la menor atención posible, y, aunque esta estrategia de afrontamiento le puede ayudar a evitar muchos conflictos con sus agresores, tiene una consecuencia imprevista muy importante: se perderá oportunidades para poner a prueba sus habilidades, alcanzar logros y asimilar una imagen positiva de sí mismo. Esto puede ocurrir en más planos además del social, como, por ejemplo, en el académico. Quizá trate de evadir responsabilidades en trabajos grupales, desarrollando un rol pasivo en el seno de grupos. Esto es solo un ejemplo, pero evidencia qué tipo de aprendizajes y creencias sobre sí mismo va adquiriendo. Aprendizajes y creencias que persistirán en la edad adulta si no tiene la iniciativa de ponerlas a prueba.

 

El pico del iceberg: consecuencias vitales y psicológicas

Todo este sistema de creencias, y su consecuente falta de seguridad en el mundo y en sí mismo, puede influir en hitos vitales importantes en la vida del adulto, como la búsqueda de pareja, el mantenimiento de amistades, conseguir empleo, sentirse seguro en su rol dentro del grupo de trabajo, etc. Dada la presión por las responsabilidades ineludibles de la etapa adulta, en muchos casos estas dificultades pueden influir en la aparición de problemas psicológicos como:

  • Aumento del riesgo de ansiedad y estrés
  • Depresión
  • Aumenta la probabilidad de desarrollar trastorno límite de la personalidad
  • Mayor riesgo de autolesiones y de suicidio
  • Somatizaciones (p. ej.: dolor de cabeza)
  • Etc.

 

¿Por qué las creencias sobre uno mismo y la vergüenza permanecen en la inconsciencia? El papel de la autocrítica

La vergüenza es probablemente la emoción más difícil que tenemos los seres humanos. Quizá sea interesante diferenciar entre experiencias de vergüenza aguda y la experiencia de la vergüenza crónica.

La vergüenza aguda se corresponde con toda aquella experiencia que pueda provocar en la persona sentimientos de humillación. Por ejemplo, un profesor que menosprecia a un alumno por no saberse la lección y le dice que tendrá que esforzarse mucho para poder ser alguien competente. Como vemos, en este caso tomamos conciencia de esa vergüenza sin problema.

Si estas experiencias se mantienen en el tiempo y no se da la oportunidad de vivir experiencias positivas que permitan un aprendizaje sobre sí mismo, la vergüenza se cronifica. La vivencia es de “soy malo” o “no soy merecedor de respeto o amor”. Sostener esta vivencia en el tiempo es abrumador y extremadamente doloroso. En este contexto, la autocrítica se postula como la mejor aliada. Es el clavo ardiendo al que la persona puede aferrarse para mejorar, para “no ser” esa persona indigna de amor. El relato que citaba al comienzo del artículo es un claro ejemplo de esto.

Podríamos decir que se establece un trato entre esta autocrítica y la persona, según el cual “yo dejo que tú me machaques y yo me creo que me ayudas a mejorar de manera que no sienta esa vergüenza tan profunda y desoladora”. De esta manera, corta el contacto con esa parte herida de la que se avergüenza hasta el punto de relegarla al inconsciente, y se aferra a una imagen ideal que identifica con “quien debería ser”.

 

Estrategias para superar las secuelas del bullying

El proceso terapéutico pasa, en primer momento, por conocerse, tomar conciencia de la autocrítica, su función y mecanismos de mantenimiento. Soltar la autocrítica puede ser doloroso, pues conlleva reencontrarse con la vergüenza. Para ello, es importante haber adquirido ciertos recursos para gestionarla. La Terapia Focalizada en Compasión (CFT) es una excelente herramienta para esto.

Junto con este trabajo de autoconocimiento, de cuestionamiento de creencias y de gestión emocional, será igualmente importante el trabajo de exposición. Este trabajo conlleva darse cuenta de situaciones que históricamente ha estado evitando para protegerse, pero que también le ha impedido vivir experiencias positivas, y dejar de evitar. La consecución de logros (y también la aceptación de los fracasos) permitirá integrar un sentido de identidad personal más amplia y que permitirá desarrollar un mejor autoconcepto y fortalecer la autoestima.


Preguntas frecuentes


¿El bullying puede afectar en la vida adulta?

Sí. El acoso escolar puede dejar secuelas emocionales como baja autoestima, ansiedad, dificultades en las relaciones y miedo al rechazo.


¿Qué emociones deja el bullying?

Las más comunes son vergüenza, culpa, tristeza, rabia reprimida y miedo.


¿Se puede superar el bullying con terapia?

Sí. La terapia ayuda a trabajar la vergüenza, sanar el trauma emocional y reconstruir la autoestima.


¿Cómo saber si mis problemas actuales vienen del bullying?

Si aparecen patrones de inseguridad, autocrítica intensa o miedo a relacionarte, es posible que estén conectados con experiencias pasadas


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