Dificultad en las amistades y
relaciones sociales
Cuando relacionarte con otras personas empieza a generarte inseguridad, malestar o dificultades para encontrar tu lugar.
Cuando relacionarte con los demás no resulta tan fácil
Las relaciones de amistad y las relaciones sociales pueden ser una fuente importante de apoyo, cercanía y disfrute. Pero no siempre resulta sencillo encontrar nuestro lugar dentro de ellas.
Quizá te cuesta conocer gente nueva, mantener amistades o sentirte cómodo cuando estás con otras personas.
Puede que tengas la sensación de que eres tú quien siempre tiene que iniciar el contacto, que los demás no están realmente interesados en ti o que cualquier cambio en una relación significa que estás perdiendo a esa persona.
También puede ocurrir que tengas amigos y una vida social aparentemente normal, pero que aun así te resulte difícil sentirte realmente cercano a los demás.
A veces el problema no es la cantidad de relaciones que tienes, sino cómo te sientes dentro de ellas.
La inseguridad puede aparecer incluso cuando todo parece ir bien
Puede que sepas racionalmente que una persona te aprecia y, aun así, necesites comprobarlo constantemente.
Quizá después de una conversación te quedas pensando en lo que has dicho, te preguntas si habrás causado una buena impresión o interpretas un cambio en la forma de responder de alguien como una señal de que está molesto contigo.
También puede aparecer el miedo a ser rechazado, a quedar fuera de un grupo o a que otras personas prefieran relacionarse entre ellas antes que contigo.
Cuando estás muy pendiente de cómo te perciben los demás, puede resultar difícil disfrutar de una relación porque una parte de ti permanece constantemente evaluando si todo está bien.
No siempre es fácil encontrar un equilibrio entre acercarte y protegerte
Relacionarte implica exponerte en cierta medida.
Para construir una amistad necesitas mostrar partes de ti, expresar lo que piensas, compartir experiencias y permitir que la otra persona te conozca.
Pero esto puede resultar difícil si has aprendido a protegerte evitando mostrar demasiado, intentando agradar o manteniendo cierta distancia.
Quizá quieres sentirte cerca de otras personas, pero cuando alguien empieza a conocerte realmente aparece inseguridad o ganas de alejarte.
O puede ocurrir que te adaptes demasiado a los demás para sentirte aceptado, dejando en segundo plano tus propias necesidades y preferencias.
Encontrar un equilibrio entre cercanía, autonomía y protección puede ser especialmente importante cuando las relaciones sociales te generan malestar.
Cuando las relaciones empiezan a repetirse de una determinada manera
A veces puedes reconocer patrones que aparecen en diferentes amistades.
Quizá terminas ocupando siempre el papel de quien escucha y ayuda, pero te cuesta pedir apoyo cuando tú lo necesitas.
Puede que te resulte difícil expresar enfado o desacuerdo porque temes perder la relación. O quizá acumulas malestar hasta que necesitas alejarte.
También puede ocurrir que tiendas a acercarte mucho a determinadas personas y después te decepciones cuando no responden como esperabas.
Estos patrones pueden tener relación con experiencias anteriores y con lo que has aprendido sobre la confianza, el rechazo, la cercanía o la necesidad de ser aceptado.
Comprenderlos puede ayudarte a reconocer qué estás buscando en tus relaciones y qué haces cuando temes que algo pueda salir mal.
Tener dificultades para relacionarte no significa que haya algo malo en ti
Es fácil interpretar las dificultades sociales como una característica personal: «soy demasiado tímido», «no sé relacionarme», «a la gente no le gusto» o «siempre acabo solo».
Es fácil interpretar las dificultades sociales como una característica personal: «soy demasiado tímido», «no sé relacionarme», «a la gente no le gusto» o «siempre acabo solo».
Pero estas conclusiones pueden terminar convirtiéndose en una forma rígida de entenderte.
Tus dificultades para relacionarte pueden estar relacionadas con inseguridad, experiencias anteriores, miedo al rechazo, autocrítica, necesidad de aprobación o simplemente con formas de protegerte que en algún momento tuvieron sentido.
Comprender de dónde vienen esas dificultades no significa buscar una explicación que lo justifique todo.
Significa poder mirarlas con más amplitud y descubrir qué ocurre cuando intentas acercarte a los demás, cuando sientes que te juzgan o cuando una relación no funciona como esperabas.
¿Cómo podemos trabajar las dificultades en las relaciones sociales en terapia?
Podemos explorar qué situaciones sociales te generan más dificultades, qué anticipas antes de ellas, qué ocurre mientras estás con otras personas y qué haces después.
También podemos observar cómo interpretas determinadas situaciones: qué significa para ti que alguien no responda a un mensaje, que una persona parezca distante o que una conversación no salga como esperabas.
Desde una perspectiva cognitivo-conductual podemos trabajar las interpretaciones y conductas que mantienen algunos patrones, especialmente cuando la anticipación, la evitación o la necesidad de comprobar cómo te perciben los demás terminan limitando tus relaciones.
El mindfulness puede ayudarte a prestar atención a pensamientos, sensaciones y emociones mientras te relacionas, sin tener que reaccionar automáticamente ante cada señal de inseguridad.
Desde una perspectiva experiencial podemos observar cómo te sitúas ante los demás en el propio momento presente: qué ocurre cuando intentas acercarte, cuando necesitas algo o cuando aparece el miedo a ser rechazado.
Y cuando la vergüenza, la autocrítica o la sensación de no ser suficientemente interesante, válido o querido tienen un papel importante, podemos incorporar elementos de la terapia centrada en la compasión.
El objetivo no es convertirte en una persona más sociable ni conseguir que todas las personas te acepten.
Se trata de poder relacionarte con mayor libertad, mostrando quién eres y pudiendo elegir qué vínculos quieres construir.
¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda por dificultades en las relaciones sociales?
Puede ser útil buscar ayuda cuando relacionarte con otras personas genera un malestar que empieza a limitar tu vida.
También cuando evitas conocer gente, te cuesta mantener relaciones, dependes demasiado de la aprobación de los demás o pasas mucho tiempo pensando en cómo te han percibido después de una interacción.
Quizá tienes relaciones, pero sientes que no consigues establecer la cercanía que deseas. O puede que estés cansado de repetir determinadas situaciones y no entiendas por qué terminan ocurriendo una y otra vez.
No necesitas esperar a encontrarte completamente aislado para pedir ayuda.
Si quieres comprender mejor cómo te relacionas y qué está dificultando construir los vínculos que deseas, podemos trabajar sobre ello.
Si relacionarte con los demás te está generando malestar
Podemos hablar sobre ello y valorar si la terapia puede ayudarte.