Trauma relacional

Cuando experiencias difíciles dentro de relaciones importantes siguen influyendo en cómo te ves, cómo te relacionas y cómo te sientes con los demás.

Cuando una relación deja una huella

No todas las experiencias difíciles dentro de una relación terminan cuando esa relación acaba.

A veces has vivido situaciones de rechazo, abandono, control, humillación, maltrato, invalidación o falta de seguridad que siguen teniendo un peso importante en el presente.

Quizá ahora te cuesta confiar, tienes miedo de que las personas se alejen o permaneces muy pendiente de cómo reaccionan los demás.

También puede ocurrir que te resulte difícil poner límites, expresar lo que necesitas o sentirte tranquilo cuando alguien se acerca demasiado.

En algunos casos, incluso puedes saber que la situación actual es diferente y, aun así, determinadas experiencias despiertan una reacción intensa que parece ir más allá de lo que está ocurriendo en ese momento.

Lo que ocurrió puede seguir influyendo en tus relaciones actuales

Las experiencias que vivimos en vínculos importantes pueden influir en lo que esperamos de los demás y en cómo aprendemos a protegernos.

Quizá has aprendido que mostrarte vulnerable es peligroso, que necesitas estar pendiente de los demás para anticiparte a sus reacciones o que es mejor no depender de nadie.

Estas formas de protegerte pueden haber tenido sentido en determinados momentos.

El problema aparece cuando continúan funcionando mucho tiempo después, incluso en relaciones diferentes y en situaciones en las que ya no existe el mismo peligro.

Puedes encontrarte entonces desconfiando de personas que no te han dado motivos para hacerlo, alejándote cuando alguien se acerca o sintiendo una necesidad muy intensa de mantener el vínculo.

A veces cuesta confiar incluso cuando quieres hacerlo

Puedes desear una relación cercana y, al mismo tiempo, sentir que necesitas mantenerte alerta para protegerte.

Cuando has vivido relaciones impredecibles o experiencias en las que tu seguridad dependía de cómo reaccionaba otra persona, confiar puede convertirse en algo difícil.

Quizá necesitas comprobar constantemente que todo está bien, interpretas pequeños cambios como señales de rechazo o te cuesta creer que alguien pueda quererte sin que tengas que hacer algo para merecerlo.

También puede ocurrir que quieras establecer relaciones cercanas, pero sientas que una parte de ti permanece siempre alerta.

La dificultad no está necesariamente en que no quieras relacionarte.

Puede estar en que una parte de ti ha aprendido que acercarse demasiado implica exponerse a que vuelvan a hacerte daño.

También puedes desconectarte de lo que sientes

Las respuestas a las experiencias difíciles no siempre aparecen como miedo o ansiedad. A veces, lo que aparece es una sensación de distancia respecto a ti mismo.

No todas las respuestas a experiencias difíciles aparecen como miedo, ansiedad o hipervigilancia.

A veces ocurre lo contrario.

Puedes sentirte desconectado de tus emociones, tener dificultades para identificar lo que necesitas o notar que determinadas situaciones deberían afectarte, pero parecen no hacerlo.

También puede aparecer una sensación de vacío, bloqueo o distancia respecto a ti mismo y a los demás.

Estas experiencias pueden resultar desconcertantes, especialmente cuando no encuentras una explicación para ellas.

Comprenderlas dentro de tu historia puede ayudarte a dejar de interpretarlas simplemente como un defecto personal y empezar a entender qué función pudieron tener esas formas de protegerte.

Lo que viviste no tiene por qué decidir cómo te relacionas hoy

Comprender la huella de una experiencia difícil no significa quedarse atrapado en el pasado.

Tampoco significa que todo lo que te ocurre actualmente pueda explicarse por lo que viviste.

Se trata de poder reconocer qué aprendiste de aquellas experiencias, qué respuestas desarrollaste para protegerte y qué ocurre hoy cuando determinadas situaciones las vuelven a activar.

A partir de ahí, puedes empezar a diferenciar entre aquello que ocurrió entonces y lo que está ocurriendo ahora.

Y eso puede abrir la posibilidad de relacionarte con otras personas desde un lugar diferente, sin tener que estar siempre preparado para que vuelva a suceder lo mismo.

¿Cómo podemos trabajar el trauma relacional en terapia?

El proceso requiere comprender lo que has vivido y trabajar a un ritmo que te permita abordar esas experiencias con suficiente seguridad.

Podemos empezar por comprender qué experiencias has vivido y cómo siguen influyendo actualmente en tu forma de sentir, pensar y relacionarte.

Antes de entrar en aspectos especialmente dolorosos, será importante valorar cómo te encuentras en el presente, qué recursos tienes disponibles y qué necesitas para poder abordar aquello que te ocurre con suficiente seguridad.

También podemos observar las situaciones que activan determinadas respuestas, qué pensamientos y emociones aparecen, cómo reacciona tu cuerpo y qué haces para protegerte.

Desde una perspectiva cognitivo-conductual, podemos trabajar algunas de las interpretaciones y patrones de respuesta que se mantienen en el presente.

El mindfulness puede ayudar a reconocer sensaciones, emociones y pensamientos cuando aparecen, desarrollando una mayor capacidad para observarlos sin reaccionar automáticamente.

Desde una perspectiva experiencial, podemos prestar atención a cómo se manifiestan esas experiencias en el momento presente y explorar qué ocurre cuando intentas acercarte a aquello que habitualmente evitas o proteges.

Y cuando aparecen vergüenza, culpa o una relación muy crítica contigo mismo, podemos incorporar elementos de la terapia centrada en la compasión.

El ritmo del proceso es especialmente importante. No se trata de obligarte a revivir aquello que ocurrió ni de contar más de lo que puedas sostener. Se trata de comprender progresivamente cómo esas experiencias siguen influyendo hoy y trabajar hacia una relación diferente contigo mismo y con los demás.

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda por trauma relacional?

No necesitas tener claro si lo que viviste fue «realmente un trauma» para buscar ayuda.

Puede ser útil buscar ayuda cuando experiencias difíciles dentro de relaciones importantes siguen influyendo en tu manera de relacionarte o en la forma en que te ves a ti mismo.

También cuando tienes dificultades para confiar, miedo intenso al rechazo o al abandono, problemas para poner límites, tendencia a desconectarte de tus emociones o sientes que determinadas situaciones activan reacciones que te cuesta comprender.

Puede ser igualmente importante cuando reconoces patrones que se repiten en tus relaciones y sospechas que pueden estar relacionados con experiencias anteriores.

No necesitas tener una explicación definitiva de lo que te ocurre. Si una experiencia sigue afectando a tu manera de vivir y relacionarte, podemos detenernos a comprender qué está pasando.

Lo que viviste puede haber influido en tu manera de relacionarte, pero no tiene por qué determinarla para siempre.

Podemos hablar sobre lo que te está ocurriendo y valorar juntos si la terapia puede ayudarte.