Pensamientos intrusivos y obsesiones

Cuando aparecen pensamientos, imágenes o dudas que no quieres tener y te cuesta dejarlos pasar, hasta el punto de que empiezan a ocupar demasiado espacio en tu vida

Cuando aparece un pensamiento que no quieres tener

A veces, lo que más te inquieta de un pensamiento es preguntarte qué significa que haya aparecido.

Puede surgir en tu cabeza un pensamiento, una imagen o incluso un impulso que te resulta extraño, desagradable o contrario a lo que quieres.

Puede estar relacionado con hacer daño, cometer un error, enfermar, perder el control, contaminarte, hacer algo que consideras moralmente inaceptable o que le ocurra algo malo a alguien que quieres.

Y precisamente porque ese pensamiento te resulta tan desagradable, puedes empezar a preguntarte por qué lo has tenido.

  • ¿Y si significa algo sobre mí?
  • ¿Y si en el fondo quiero hacerlo?
  • ¿Y si esto quiere decir que hay algo mal en mí?

Tener un pensamiento no significa querer llevarlo a cabo ni define quién eres. Los pensamientos intrusivos pueden aparecer sin que los hayas elegido y, en ocasiones, entrar en conflicto precisamente con aquello que más valoras.

La dificultad puede aparecer cuando empiezan a generarte mucho malestar, ocupan demasiado espacio o sientes que necesitas encontrar una explicación para poder quedarte tranquilo.

de lo que está ocurriendo en ese momento.

No todos los pensamientos intrusivos significan lo mismo

Lo importante no es únicamente qué pensamiento aparece, sino qué ocurre contigo cuando aparece.

Tener un pensamiento extraño, desagradable o repetitivo no significa necesariamente que exista un problema psicológico.

Los pensamientos intrusivos también pueden aparecer en personas que no tienen un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Por sí solos, no indican que exista un TOC.

A veces, el pensamiento resulta desagradable, se queda dando vueltas durante un tiempo o hace que te preguntes por qué has pensado eso, sin que intentes hacer nada concreto para neutralizarlo.

En otras ocasiones, el malestar puede llevarte a comprobar, analizar, buscar información, pedir confirmación o intentar encontrar una certeza que te tranquilice.

Por eso, no todos los pensamientos intrusivos forman parte de un patrón obsesivo-compulsivo, ni todas las personas que los tienen realizan compulsiones.

Comprender qué ocurre en tu caso cuando aparece el pensamiento es una parte importante del proceso.

Cuando necesitas estar completamente seguro

A veces, la dificultad está en sentir que necesitas resolver una duda por completo antes de poder continuar con tu vida.

Quizá te preguntas:

  • ¿Estoy seguro de que no voy a hacer daño a nadie?
  • ¿Estoy seguro de que no cometí un error?
  • ¿Estoy seguro de que realmente quiero a mi pareja?
  • ¿Estoy seguro de que aquello que pensé no significa nada?

Puedes pasar mucho tiempo intentando responder estas preguntas. Y cuanto más intentas resolverlas, más preguntas pueden aparecer.

La búsqueda de certeza puede convertirse en una dificultad cuando necesitas alcanzar una seguridad que, en realidad, no puedes conseguir por completo.

Entonces, continuar con tu vida puede empezar a depender de que consigas resolver primero aquello que te inquieta.

Cuando intentas hacer algo para quedarte tranquilo

Buscar tranquilidad es comprensible; la dificultad aparece cuando sientes que necesitas repetir determinadas respuestas cada vez que surge la duda.

Quizá compruebas una y otra vez que algo está bien, buscas información para asegurarte o preguntas a otras personas si lo que has pensado significa algo.

También puedes repasar mentalmente una conversación, intentar recordar exactamente qué ocurrió o analizar tus propios pensamientos para descubrir qué dicen realmente sobre ti.

Estas respuestas pueden proporcionarte cierto alivio durante un momento. Sin embargo, el problema puede mantenerse cuando empiezas a necesitarlas cada vez que aparece una nueva duda.

Además, las compulsiones no siempre son conductas visibles. Algunas son completamente mentales: revisar, analizar, comparar, recordar, contar, repetir algo mentalmente o intentar conseguir una sensación interna de certeza.

Y no siempre resulta fácil reconocerlas, precisamente porque pueden parecer simplemente una forma de pensar las cosas bien.

Evitar también puede convertirse en una forma de responder

Intentar no encontrarte con aquello que te inquieta puede aliviarte a corto plazo, pero también puede acabar limitando tu vida.

No todas las respuestas ante los pensamientos intrusivos consisten en comprobar o analizar.

Quizá dejas de hacer determinadas cosas, evitas situaciones, no te acercas a ciertos lugares o intentas controlar lo que dices, lo que miras o incluso aquello en lo que piensas.

A corto plazo, evitar puede hacer que te sientas más tranquilo.

Pero si cada vez necesitas evitar más cosas para no experimentar determinadas dudas o pensamientos, tu vida puede empezar a organizarse alrededor de aquello que intentas no sentir o no pensar.

Cuanto más intentas resolverlo, más presente puede estar

Intentar encontrar la respuesta correcta no siempre consigue cerrar la duda; en ocasiones, hace que vuelvas a ella una y otra vez.

Puede parecer lógico pensar que, si analizas mejor el pensamiento, encuentras pruebas o recuerdas exactamente qué ocurrió, conseguirás que desaparezca.

Pero algunas preguntas no tienen una respuesta capaz de proporcionarte una seguridad absoluta.

Entonces, la búsqueda de certeza puede convertirse en parte del problema: cuanto más intentas resolver la duda, más importancia adquiere y más difícil puede resultar dejarla pasar.

Puedes terminar dedicando mucho tiempo a pensar sobre lo que piensas, en lugar de estar presente en aquello que está ocurriendo en tu vida.

Comprender el ciclo de los pensamientos obsesivos

En algunas personas, el intento de aliviar el malestar acaba alimentando un ciclo que vuelve a activarse cada vez que aparece una nueva duda.

Cuando un pensamiento intrusivo adquiere una importancia especial, puede aparecer una secuencia parecida a esta:

Pensamiento o imagen → interpretación → malestar → necesidad de neutralizar, comprobar o evitar → alivio momentáneo → nueva duda.

La respuesta puede ser una conducta visible, pero también algo mucho más difícil de detectar: analizar, revisar, comparar, pedir confirmación, buscar información o intentar conseguir una certeza absoluta.

No todas las personas que tienen pensamientos intrusivos entran en este ciclo. Sin embargo, cuando aparece, comprenderlo permite mirar la dificultad de otra manera.

No se trata únicamente de conseguir que desaparezca el pensamiento. También necesitamos comprender qué haces cuando aparece, qué significado le das y qué función tiene tu respuesta para intentar sentirte mejor.

¿Cómo podemos trabajar los pensamientos intrusivos y las obsesiones en terapia?

No se trata de eliminar todos los pensamientos desagradables, sino de comprender qué está ocurriendo y reducir el espacio que han llegado a ocupar en tu vida.

El trabajo dependerá de cómo se presenten estas experiencias en tu caso y de hasta qué punto estén interfiriendo en tu día a día.

Podemos empezar por comprender qué pensamientos aparecen, qué significado les das, qué emociones despiertan y qué haces cuando surgen.

Si existen conductas de comprobación, evitación, búsqueda de seguridad o compulsiones mentales, podemos explorar cómo funcionan y qué papel tienen en el mantenimiento de la dificultad.

Cuando existe un patrón obsesivo-compulsivo, la terapia cognitivo-conductual y, especialmente, la exposición con prevención de respuesta (EPR) cuentan con un respaldo sólido. Esta intervención consiste en trabajar gradualmente el contacto con aquello que desencadena las obsesiones mientras se reducen las respuestas compulsivas y de evitación que mantienen el ciclo.

También podemos trabajar la relación que mantienes con tus pensamientos: reconocer que la aparición de una idea no te obliga a responder a ella ni convierte automáticamente su contenido en una verdad sobre ti.

En algunos casos, determinadas herramientas de mindfulness pueden complementar el proceso, ayudándote a observar pensamientos y sensaciones sin quedar automáticamente atrapado en ellos.

El objetivo no es conseguir una mente en la que nunca aparezcan pensamientos extraños, desagradables o inesperados. Se trata de que esos pensamientos dejen de decidir qué haces, qué necesitas comprobar o cuánto tiempo tienes que dedicarles.

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda por pensamientos intrusivos y obsesiones?

No necesitas tener claro qué te ocurre ni conocer un diagnóstico para empezar a comprenderlo.

Puede ser útil buscar ayuda cuando determinados pensamientos, imágenes o dudas empiezan a ocupar demasiado espacio en tu día a día, te generan un malestar difícil de manejar o sientes que cada vez dedicas más tiempo a intentar comprenderlos o hacer que desaparezcan.

También cuando empiezas a comprobar, analizar, buscar confirmación, evitar determinadas situaciones o realizar otras conductas para conseguir tranquilidad.

No necesitas saber si tienes un trastorno obsesivo-compulsivo ni ponerle un nombre exacto a lo que te ocurre antes de pedir ayuda.

Si sientes que tu relación con tus propios pensamientos está empezando a limitar tu vida, puede ser un buen momento para detenerte a comprender qué está ocurriendo.

No tienes que resolver cada pensamiento que aparece en tu cabeza.

Podemos hablar sobre lo que estás viviendo, comprender qué lugar están ocupando esos pensamientos y valorar juntos si la terapia puede ayudarte.