Estrés postraumático
(TEPT)

Cuando una experiencia especialmente difícil sigue presente después de haber ocurrido y empiezas a sentir que aquello todavía forma parte de tu vida.

Cuando algo que ocurrió sigue pasando de alguna manera

Hay experiencias que terminan, pero cuyas consecuencias pueden continuar mucho tiempo después.

Quizá viviste un accidente, una situación de violencia, una amenaza grave, una experiencia médica especialmente difícil u otro acontecimiento que te hizo sentir que tu integridad o la de alguien importante para ti estaba en peligro.

Desde entonces, puede que notes que algo ha cambiado.

Pueden aparecer recuerdos o imágenes que llegan sin querer, pesadillas, una sensación de alerta constante o una necesidad intensa de evitar aquello que te recuerda a lo ocurrido.

También puede que no tengas la sensación de estar recordando simplemente algo que pasó, sino de que tu cuerpo y tu mente siguen reaccionando como si el peligro todavía estuviera presente.

No siempre es fácil dejar atrás una experiencia traumática

Después de vivir algo especialmente difícil, algunas reacciones disminuyen con el tiempo; en otras ocasiones, el malestar se mantiene.

Después de vivir una experiencia especialmente difícil, es normal que durante un tiempo puedas sentirte alterado, más alerta, triste, asustado o preocupado.

En muchas personas estas reacciones disminuyen progresivamente.

En otras, las dificultades se mantienen y empiezan a interferir en la vida cotidiana. Puedes continuar sintiéndote en peligro aunque la situación haya terminado, evitar lugares o conversaciones relacionadas con lo ocurrido o experimentar recuerdos que aparecen de forma involuntaria.

Por eso, haber vivido una experiencia traumática no significa automáticamente desarrollar un trastorno de estrés postraumático.

El TEPT implica un conjunto de síntomas que se mantienen y producen un impacto significativo en diferentes áreas de la vida. Entre ellos se encuentran la reexperimentación, la evitación y una sensación persistente de amenaza o alerta.

Cuando los recuerdos aparecen sin que quieras

Lo ocurrido puede volver a aparecer de formas que no eliges y que a veces resulta difícil comprender.

Una de las experiencias más difíciles puede ser que aquello que ocurrió vuelva a aparecer cuando menos lo esperas.

Puede manifestarse como recuerdos intrusivos, imágenes, sensaciones corporales, pesadillas o reacciones intensas ante situaciones que te recuerdan, de alguna manera, a lo ocurrido.

A veces incluso puede resultar difícil identificar qué ha desencadenado la reacción.

Un olor, un lugar, una conversación, un sonido o una sensación corporal pueden hacer que aparezca de repente miedo, tensión o una sensación de peligro.

No significa que estés eligiendo recordar lo ocurrido. Tu sistema de respuesta puede haber aprendido a reaccionar ante determinadas señales como si todavía existiera una amenaza.

Evitar también puede convertirse en una forma de vivir

Alejarte de aquello que te recuerda a lo ocurrido puede aliviarte a corto plazo, pero también puede acabar limitando tu vida.

Cuando algo resulta doloroso o amenazante, es comprensible que quieras mantenerte alejado de aquello que pueda recordártelo.

Quizá evitas determinados lugares, conversaciones, personas, actividades o incluso pensamientos relacionados con lo ocurrido.

A corto plazo, evitar puede proporcionarte cierto alivio. Pero cuando la evitación empieza a extenderse, puede terminar haciendo que cada vez haya más cosas que condicionen tu vida.

También puedes empezar a evitar determinadas emociones o sensaciones internas porque temes que vuelvan a llevarte a aquel momento.

Así, poco a poco, puede resultar difícil distinguir entre estar a salvo y sentirte a salvo.

Vivir en alerta también puede ser agotador

Aunque sepas que el peligro ha terminado, puedes seguir sintiendo que necesitas estar preparado por si vuelve a ocurrir algo.

Otra de las dificultades puede ser sentir que tienes que permanecer constantemente preparado para que algo vuelva a ocurrir.

Quizá estás más pendiente de tu entorno, reaccionas con facilidad ante determinados estímulos, te cuesta relajarte o tienes dificultades para dormir.

Puedes sentirte irritable, sobresaltarte con facilidad o tener problemas para concentrarte porque una parte de ti permanece pendiente de detectar posibles amenazas.

Aunque racionalmente sepas que aquello ya ha terminado, tu cuerpo puede seguir respondiendo como si necesitara protegerte.

Comprender esta diferencia entre saber que estás a salvo y poder sentirte realmente a salvo puede ser una parte importante del proceso terapéutico.

¿Cómo podemos trabajar el estrés postraumático en terapia?

El proceso comienza por comprender cómo te está afectando la experiencia y qué necesitas para poder abordarla de una manera segura.

Trabajar el estrés postraumático requiere comprender primero cómo está afectándote la experiencia y qué necesitas para poder abordarla de una manera segura.

Podemos explorar las situaciones que desencadenan tus reacciones, aquello que evitas, cómo respondes ante los recuerdos y qué estrategias utilizas para intentar sentirte a salvo.

También puede ser importante trabajar inicialmente en la estabilización y regulación emocional, especialmente cuando las reacciones son muy intensas o existe una sensación constante de desbordamiento.

En función de tus necesidades, podemos trabajar desde diferentes perspectivas:

  • Terapia cognitivo-conductual (TCC): pueden trabajarse las interpretaciones relacionadas con la experiencia traumática, las conductas de evitación y otros patrones que mantienen el miedo o la sensación de amenaza.
  • Mindfulness: puede ayudarnos a desarrollar una mayor capacidad para observar pensamientos, recuerdos y sensaciones sin quedar automáticamente atrapados en ellos.
  • Trabajo experiencial: podemos prestar atención a cómo la experiencia sigue apareciendo en el presente y a aquello que ocurre cuando entras en contacto con determinadas emociones, sensaciones o necesidades.
  • Terapia centrada en la compasión: cuando aparecen vergüenza, culpa o una autocrítica intensa, puede aportar una forma diferente de relacionarte contigo mismo y con lo que viviste.

Existen también tratamientos específicamente desarrollados para el TEPT. El abordaje concreto dependerá de tu situación, de tu historia y de aquello para lo que estés preparado en cada momento.

No se trata de obligarte a revivir lo ocurrido de golpe. Se trata de poder procesar y comprender aquello que sigue afectándote para que el pasado deje de determinar constantemente cómo respondes en el presente.

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda por estrés postraumático?

No necesitas tener un diagnóstico para reconocer que algo que has vivido sigue condicionando tu vida.

Puede ser útil buscar ayuda cuando, después de una experiencia especialmente difícil, los recuerdos, las reacciones de alerta o la evitación siguen ocupando un espacio importante en tu vida.

También cuando empiezas a evitar lugares, personas o actividades que antes formaban parte de tu vida; cuando tienes pesadillas o recuerdos que aparecen sin querer; cuando te cuesta sentirte seguro incluso después de que el peligro haya terminado, o cuando notas que lo ocurrido está afectando a tus relaciones, tu trabajo o tu descanso.

No necesitas saber con certeza si tienes TEPT para pedir ayuda.

Si sientes que una experiencia que viviste sigue condicionando tu manera de vivir y no consigues recuperar la libertad que tenías antes, podemos detenernos a comprender qué está ocurriendo.

Un espacio para comprender lo que has vivido

No tienes que seguir viviendo como si aquello todavía estuviera ocurriendo.
Podemos hablar sobre lo que has vivido, comprender cómo sigue influyendo en ti y valorar juntos si la terapia puede ayudarte.