Depresión, tristeza y
apatía
Cuando todo empieza a pesar más, pierdes el interés por cosas que antes disfrutabas o sientes que te cuesta encontrar ganas para seguir con tu día a día.
Cuando todo empieza a pesar más
Hay momentos en los que incluso lo cotidiano empieza a requerir un esfuerzo enorme.
Quizá levantarte por la mañana cuesta más de lo habitual. Las cosas que antes te apetecían dejan de llamarte la atención, hacer cualquier tarea requiere mucha energía o simplemente sientes que no tienes fuerzas para enfrentarte al día.
Puede que sigas haciendo lo que tienes que hacer, pero lo hagas en piloto automático. Cumples con tus obligaciones, trabajas, estudias o atiendes a los demás, mientras por dentro sientes que cada vez tienes menos ganas, menos energía o menos capacidad para disfrutar.
También puede aparecer una tristeza que no sabes muy bien cómo explicar. O puede que no te sientas especialmente triste, pero sí vacío, desconectado o indiferente ante cosas que antes eran importantes para ti.
Cuando este estado empieza a mantenerse en el tiempo y afecta a tu manera de vivir, relacionarte o afrontar el día a día, puede ser importante detenerse a comprender qué está ocurriendo.
Más allá de la tristeza
La depresión no siempre se presenta como una tristeza intensa y evidente.
A veces lo que predomina es la falta de interés, la sensación de vacío o la dificultad para encontrar algo que te haga disfrutar.
Puede que te cueste concentrarte, tomar decisiones o empezar incluso tareas sencillas. También pueden aparecer cambios en el sueño o el apetito, cansancio, irritabilidad o una sensación de que todo requiere más esfuerzo del que debería.
En otras ocasiones, lo más difícil de explicar es precisamente que no sabes muy bien qué sientes. Estás haciendo tu vida, pero notas que algo ha cambiado y que ya no te relacionas con las cosas de la misma manera.
Por eso, comprender lo que está ocurriendo implica mirar más allá de si te sientes «triste» o no y prestar atención a cómo ha cambiado tu manera de vivir.
Más allá de la pérdida de interés
Dejar de disfrutar de cosas que antes tenían un lugar importante en tu vida puede resultar especialmente desconcertante.
Quizá ya no te apetece quedar con amigos, hacer deporte, salir, cocinar, tener relaciones sexuales o dedicar tiempo a aquello que antes te hacía desconectar. A veces sigues haciendo algunas de estas cosas, pero la sensación de disfrute ha desaparecido.
Y es posible que, además de notar ese cambio, empieces a exigirte que no debería ser así. «Debería disfrutar más», «tendría que tener ganas» o «no puede ser que ni siquiera esto me apetezca» pueden convertirse en pensamientos habituales.
Esa exigencia no suele hacer que aparezcan las ganas. Al contrario, puede llevarte a sentirte todavía más inadecuado, culpable o desconectado de ti mismo.
Al malestar que ya estás viviendo se añade entonces la sensación de que también estás haciéndolo mal por no sentirte de otra manera.
Por eso, un primer paso puede ser dejar de luchar constantemente contra el estado en el que te encuentras. Reconocer que ahora mismo las cosas son difíciles no significa resignarte a permanecer así. Significa poder mirar lo que te está ocurriendo sin exigirte estar bien antes de poder empezar a comprenderlo.
Hay personas que llevan mucho tiempo sintiéndose así
No siempre puedes señalar un momento concreto en el que empezaste a sentirte de esta manera.
A veces llevas meses o incluso años con poca energía, con menos interés por las cosas o con la sensación de estar viviendo a medio gas.
Puede que ni siquiera te identifiques con la palabra «depresión». Quizá piensas que simplemente eres así, que siempre has sido una persona más apagada, que te cuesta disfrutar o que la vida es algo que hay que ir haciendo sin esperar demasiado de ella.
También puede ocurrir que haya momentos en los que estés mejor y otros en los que vuelvas a sentirte así, sin llegar necesariamente a experimentar una tristeza intensa.
Esa continuidad puede hacer que resulte difícil reconocer que algo está pasando, precisamente porque has terminado acostumbrándote a vivir de esa manera.
Acostumbrarte a sentirte así no significa que tengas que resignarte a seguir sintiéndote así. Preguntarte desde cuándo ocurre, cómo ha ido cambiando tu forma de vivir y qué lugar ocupa hoy este estado puede abrir un espacio para empezar a comprenderlo.
No todo lo que te ocurre tiene que resolverse inmediatamente
Cuando llevas un tiempo sintiéndote triste, apagado o sin ganas, es fácil empezar a exigirte volver a estar bien cuanto antes.
Puedes intentar recuperar tu ritmo habitual, obligarte a hacer cosas que antes disfrutabas o sentir que tendrías que ser capaz de salir de ese estado por ti mismo.
Pero intentar combatir constantemente lo que estás sintiendo puede acabar convirtiéndose en otra fuente de presión.
A veces necesitas poder reconocer primero que algo está pasando, sin convertir cada emoción o cada día difícil en un problema que solucionar inmediatamente.
Esto no significa quedarse pasivamente en el malestar ni renunciar a que las cosas cambien. Significa poder dar espacio a lo que estás viviendo antes de exigirte estar de otra manera.
A veces, reconocer que ahora mismo estás pasando por un momento difícil, sin añadir más exigencia al malestar, es precisamente lo que permite empezar a comprender qué necesitas y qué tendría sentido trabajar.
Entender lo que está ocurriendo
La depresión no aparece siempre de la misma manera ni tiene necesariamente una única causa.
Puede estar relacionada con lo que estás viviendo actualmente, con experiencias anteriores, con pérdidas, cambios, relaciones, exigencias mantenidas durante mucho tiempo o con diferentes factores que se han ido acumulando.
Por eso, más que buscar rápidamente una explicación única, puede ser importante detenerse a observar qué ha cambiado en tu vida y cómo has llegado hasta aquí.
También podemos explorar qué lugar tienen en este momento tus pensamientos, tus emociones, tu cuerpo, tus relaciones y la manera en que estás afrontando el día a día.
A veces, aquello que inicialmente parece simplemente «no tengo ganas de nada» contiene una experiencia mucho más amplia.
Comprenderlo no significa encontrar una explicación perfecta ni justificar todo lo que ocurre. Significa poder mirar lo que estás viviendo con algo más de claridad sin reducirte a una etiqueta.
¿Cómo podemos trabajar la depresión en terapia?
Trabajar la depresión no consiste simplemente en obligarte a hacer más cosas o intentar pensar en positivo.
En terapia podemos empezar por comprender qué está ocurriendo, cómo ha cambiado tu manera de vivir y qué lugar ocupan el cansancio, la tristeza, la apatía, los pensamientos y la pérdida de interés.
También podemos observar cómo se ha ido reduciendo tu actividad y qué efecto tiene eso sobre tu estado de ánimo. En algunos casos, recuperar progresivamente determinadas actividades, relaciones o espacios que han ido desapareciendo puede formar parte del proceso.
No se trata de llenarte de obligaciones ni de exigirte que vuelvas a ser quien eras, sino de recuperar poco a poco aquello que pueda tener sentido para ti.
Podemos trabajar también con los pensamientos que aparecen durante estos periodos: la autocrítica, la culpa, la sensación de no ser suficiente, las interpretaciones negativas sobre ti mismo o sobre lo que te espera y esa tendencia a dar por hecho que las cosas no van a cambiar.
Al mismo tiempo, puede ser importante explorar tu historia y las experiencias que han contribuido a construir tu manera de relacionarte contigo mismo, con los demás y con las dificultades.
En función de lo que vayamos comprendiendo, podemos incorporar herramientas de mindfulness para aprender a relacionarte de otra manera con pensamientos y emociones, o trabajar desde la compasión cuando la autocrítica y la sensación de fracaso ocupan demasiado espacio.
El objetivo no es exigirte que estés bien cuanto antes, sino comprender lo que te está ocurriendo y recuperar progresivamente la posibilidad de participar en tu propia vida, respetando el momento en el que te encuentras.
¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda por depresión?
No necesitas esperar a estar completamente desbordado para pedir ayuda.
Puede ser útil buscar ayuda cuando el estado en el que te encuentras empieza a ocupar una parte importante de tu vida y sientes que te cuesta recuperar tu ritmo, disfrutar de las cosas o afrontar el día a día como te gustaría.
También cuando la tristeza, la apatía, el cansancio o la pérdida de interés se mantienen en el tiempo, afectan a tus relaciones, tu trabajo o tus actividades habituales, o cuando llevas un tiempo intentando encontrarte mejor por tu cuenta y no lo estás consiguiendo.
A veces, reconocer que algo ha cambiado y poder hablar de ello antes de que siga ocupando más espacio también puede ser un primer paso para cuidarte.
No tienes que esperar a encontrarte al límite
No tienes que esperar a encontrarte al límite para pedir ayuda. Podemos hablar sobre lo que estás viviendo, comprender qué ha cambiado y valorar juntos si la terapia puede ayudarte a recuperar poco a poco una relación diferente con tu vida.