Desarrollo personal y autoconocimiento

Cuando quieres comprenderte mejor, explorar cómo estás viviendo y descubrir nuevas formas de relacionarte contigo mismo y con los demás

La terapia no tiene que empezar cuando algo va mal

No necesitas atravesar una crisis para dedicar un espacio a comprenderte mejor.

Cuando pensamos en psicología, es habitual imaginar a alguien que está pasando por un momento especialmente difícil: ansiedad, tristeza, una crisis o una situación que ya no consigue manejar por sí mismo.

Y, por supuesto, la terapia puede ser un espacio para atravesar esos momentos.

Pero no tiene por qué ser la única razón para acudir.

También puedes encontrarte razonablemente bien y, aun así, sentir curiosidad por comprenderte mejor, explorar determinadas partes de ti o descubrir qué hay detrás de algunas formas de vivir que te gustaría entender con mayor profundidad.

No necesitas estar pasando por una crisis para preguntarte cómo estás viviendo, qué necesitas o hacia dónde quieres ir.

Conocerte no consiste solamente en saber cómo eres

Puedes saber describirte bastante bien y, aun así, no comprender del todo por qué haces lo que haces.

Quizá sabes que tiendes a exigirte mucho, que te cuesta decir que no, que evitas determinados conflictos o que necesitas tener las cosas bajo control.

Pero reconocer estas tendencias no siempre significa entender qué ocurre cuando aparecen, qué las activa o qué función tienen en tu vida.

El autoconocimiento también implica preguntarte qué sientes, qué necesitas, qué buscas, qué evitas y cómo te relacionas con aquello que te ocurre.

A veces, conocerte mejor no consiste en encontrar una definición más precisa de quién eres, sino en observarte con mayor atención y descubrir aspectos de ti que antes pasaban desapercibidos.

Lo que haces también cuenta una historia

Algunas formas de actuar tuvieron sentido en algún momento de tu vida, aunque hoy ya no te resulten tan útiles.

Muchas de nuestras maneras de relacionarnos, tomar decisiones o afrontar las dificultades se han ido construyendo a lo largo del tiempo.

Quizá repites determinadas situaciones sin entender muy bien por qué. O te encuentras reaccionando de una manera que después no reconoces como propia.

Explorar estos patrones no consiste en buscar culpables ni en encontrar una explicación para cada cosa que haces.

Se trata de comprender cómo estás funcionando, qué puede haber detrás de algunas respuestas y qué posibilidades aparecen cuando empiezas a reconocerlas.

A veces sabes lo que deberías hacer, pero no lo que necesitas

Puedes estar haciendo muchas de las cosas que se esperan de ti y, aun así, sentir que algo no termina de encajar.

Es fácil vivir siguiendo lo que se supone que deberías querer, hacer o conseguir.

Estudiar aquello que toca, aceptar determinadas responsabilidades, alcanzar objetivos, mantener una relación, ser productivo o aprovechar el tiempo.

Y puede llegar un momento en el que aparezca una pregunta más difícil:

¿Esto es realmente lo que quiero?

Quizá no estás mal, pero tampoco terminas de sentir que estás viviendo de una manera que encaja contigo.

La terapia puede ofrecerte un espacio para detenerte y explorar estas preguntas sin tener que encontrar inmediatamente una respuesta.

Darse cuenta también puede abrir nuevas posibilidades

Comprender lo que te ocurre puede ayudarte a descubrir otras formas de responder.

Desde la perspectiva de la Gestalt, el autoconocimiento no consiste únicamente en acumular explicaciones sobre uno mismo.

Tiene que ver con aumentar la conciencia sobre lo que estás viviendo: qué sientes, qué piensas, qué necesitas, cómo entras en contacto con los demás y cómo respondes ante aquello que ocurre.

A veces, simplemente darte cuenta de algo que antes sucedía automáticamente ya modifica la manera en que puedes relacionarte con ello.

Cuando reconoces lo que estás haciendo, lo que sientes y lo que necesitas, también pueden aparecer otras posibilidades.

No se trata de convertirte en una versión ideal de ti mismo, sino de ampliar tu capacidad para elegir cómo quieres estar y cómo quieres responder.

Conocerte mejor no siempre resulta cómodo

Explorarte también puede llevarte a descubrir aspectos de ti que hasta ahora te había resultado difícil mirar.

Al prestar más atención a tus emociones, tus relaciones o determinadas formas de actuar, puedes encontrarte con aspectos que resultan dolorosos.

Pueden aparecer recuerdos, conflictos, necesidades que habías dejado en segundo plano o formas de relacionarte contigo y con los demás que hasta entonces no habías podido reconocer con claridad.

El autoconocimiento no consiste en descubrir únicamente aquello que te gusta de ti. También puede implicar comprender experiencias que todavía duelen o reconocer que algunas formas de estar en el mundo ya no te sirven como antes.

En esos momentos, tener un espacio terapéutico no significa evitar el malestar ni convertir inmediatamente todo lo que aparece en algo que solucionar.

Significa poder explorarlo con alguien que cuenta con conocimientos y herramientas para comprender qué está ocurriendo y acompañar el proceso cuando aparecen dificultades que requieren una mirada clínica.

No todo proceso de crecimiento tiene que ser cómodo. Tampoco todo lo que aparece al explorarte puede abordarse simplemente con voluntad, motivación o consejos.

¿Cómo podemos trabajar el desarrollo personal y el autoconocimiento en terapia?

No partimos necesariamente de un problema que haya que solucionar, sino de aquello que quieres comprender o explorar.

Podemos empezar por algo que despierta tu interés: una sensación de estar perdido, una decisión que no sabes cómo tomar, determinados patrones que se repiten, una etapa de cambio o, sencillamente, el deseo de comprenderte mejor.

Desde una perspectiva Gestalt, prestaremos especial atención a tu experiencia presente: qué ocurre cuando hablas de determinadas situaciones, qué emociones aparecen, qué necesidades reconoces y cómo te relacionas contigo mismo y con los demás.

También podemos explorar tu historia y las experiencias que han contribuido a construir tu manera actual de estar en el mundo, sin reducirte a lo que has vivido.

Cuando resulte útil, podemos incorporar herramientas de mindfulness para desarrollar una mayor capacidad de observación y presencia, o utilizar recursos de la terapia cognitivo-conductual para explorar determinadas formas de pensar y actuar que quieras comprender o modificar.

Y si aparecen autocrítica, inseguridad o dificultades para aceptarte, podemos incorporar elementos de la terapia centrada en la compasión para explorar una relación contigo mismo menos basada en el juicio.

El objetivo no es decirte quién deberías ser ni darte una fórmula para vivir mejor. Es crear un espacio en el que puedas conocerte, experimentar y descubrir qué formas de estar en tu vida tienen sentido para ti.

Explorar también puede ser una forma de cuidarte

No siempre necesitamos esperar a que algo se convierta en un problema para prestarle atención.

Puedes encontrarte razonablemente bien y, aun así, sentir que quieres dedicar un tiempo a comprenderte.

Quizá estás atravesando una etapa de cambios, quieres tomar una decisión importante, notas que determinadas formas de relacionarte se repiten o simplemente sientes curiosidad por conocerte más allá de las explicaciones que ya tienes sobre ti mismo.

La terapia también puede ser ese espacio: un lugar para detenerte, mirar con más atención y descubrir qué hay ahí, sin partir de la idea de que existe algo que está mal en ti.

No necesitas tener un problema concreto para empezar a conocerte mejor.

Podemos abrir un espacio para explorar lo que estás viviendo, comprender cómo te relacionas contigo mismo y descubrir qué posibilidades quieres abrir en tu vida.