Dificultades en las relaciones familiares

Cuando tu relación con tu familia empieza a generarte malestar, conflictos o dificultades para encontrar tu propio lugar.

Cuando tu familia empieza a generarte malestar

Las relaciones familiares pueden ser importantes y, al mismo tiempo, resultar difíciles.

Quizá sientes que determinados conflictos se repiten, que hablar con alguien de tu familia siempre termina de la misma manera o que te cuesta expresar lo que necesitas sin sentirte culpable.

Puede que tengas la sensación de que esperan determinadas cosas de ti, que necesitas su aprobación o que te resulta difícil decir que no aunque algo no te haga bien.

También puede ocurrir que haya distancia, enfado o resentimiento y no sepas muy bien qué hacer con ello. A veces quieres mantener el vínculo, pero no encuentras una forma de hacerlo sin volver a entrar en dinámicas que te generan malestar.

Cuando estas dificultades empiezan a ocupar demasiado espacio, puede ser útil detenerse a comprender qué está ocurriendo.

Las relaciones familiares también cambian

Las relaciones con nuestra familia no permanecen siempre iguales.

La relación con tus padres puede cambiar cuando te haces adulto. La relación entre hermanos puede transformarse con el paso de los años.

También pueden aparecer nuevas dinámicas cuando formas tu propia familia, cuando hay separaciones, cambios de convivencia, enfermedades o pérdidas.

Estos cambios pueden requerir que encuentres una manera diferente de relacionarte con personas con las que llevas muchos años compartiendo una historia.

A veces resulta difícil dejar atrás determinados papeles que has ocupado dentro de tu familia. Puede que sigas sintiendo que tienes que ser quien mantiene la calma, quien cuida de los demás, quien no da problemas o quien necesita adaptarse para que todo funcione.

Comprender cómo han cambiado esas relaciones puede ayudarte a encontrar una manera de estar en ellas que tenga más que ver con quién eres ahora.

Poner límites no siempre significa alejarte

Decir que no, expresar una necesidad o marcar aquello que no estás dispuesto a aceptar puede resultar especialmente difícil dentro de la familia.

Quizá temes decepcionar a alguien, generar un conflicto o sentir que estás siendo una mala persona por priorizarte.

A veces puedes acabar aceptando situaciones que te generan malestar simplemente para evitar discusiones. O puedes acumular enfado durante mucho tiempo hasta que finalmente reaccionas de una manera que tampoco te representa.

Poner límites no significa necesariamente romper una relación ni dejar de querer a alguien.

Puede significar aprender a reconocer qué necesitas, qué puedes ofrecer y qué no estás dispuesto a aceptar, pudiendo mantener un vínculo sin tener que dejarte siempre en segundo plano.

Cuando vuelves a sentirte como antes

Hay situaciones familiares en las que puedes tener la sensación de volver a ocupar un lugar que creías haber dejado atrás.

Quizá una conversación con tus padres hace que vuelvas a sentirte pequeño, necesitado de aprobación o incapaz de expresar lo que realmente piensas.

O puede que determinados comentarios o conflictos con tus hermanos despierten emociones que reconoces de hace muchos años.

Estas reacciones pueden tener relación con la historia que has construido dentro de tu familia y con las experiencias que has vivido en esos vínculos.

Comprenderlo no significa asumir que todo lo que te ocurre actualmente está causado por tu pasado. Tampoco significa buscar culpables.

Significa poder observar qué ocurre cuando determinadas situaciones se repiten y qué has aprendido a hacer para protegerte, conseguir aceptación o evitar conflictos.

Querer a alguien no significa que todo tenga que estar bien

Puedes querer a una persona de tu familia y, al mismo tiempo, sentirte herido, enfadado, decepcionado o necesitar cierta distancia.

A veces existe la idea de que, por tratarse de la familia, deberíamos poder perdonarlo todo, mantener siempre el contacto o aceptar determinadas situaciones.

Pero los vínculos familiares también pueden necesitar límites y pueden atravesar momentos de distancia o conflicto.

Puede ser útil poder reconocer lo que sientes sin obligarte a mantener una determinada relación ni a romperla.

En algunos casos, el trabajo puede consistir en encontrar una manera diferente de relacionarte. En otros, puede ser necesario aceptar que una relación no puede ser como te gustaría.

La terapia puede ofrecer un espacio para pensar sobre estas decisiones sin tener que tomarlas desde la culpa, el miedo o la presión de los demás.

¿Cómo podemos trabajar las dificultades en las relaciones familiares en terapia?

La terapia en este caso es individual. No se trata de intervenir sobre toda la familia, sino de trabajar contigo aquello que estás viviendo dentro de tus relaciones familiares.

Podemos explorar qué situaciones generan malestar, qué emociones aparecen, cómo interpretas lo que ocurre y qué haces cuando surgen conflictos o determinadas demandas.

También podemos conocer tu historia familiar y observar cómo se han ido construyendo algunos patrones de relación: qué papel has ocupado, qué has aprendido sobre el afecto, los límites, la confianza o la necesidad de adaptarte a los demás.

Desde una perspectiva cognitivo-conductual podemos trabajar pensamientos e interpretaciones que influyen en la manera en que respondes a determinadas situaciones, así como las conductas que pueden estar manteniendo algunos conflictos.

El mindfulness puede ayudarte a reconocer lo que ocurre en ti cuando aparece enfado, culpa, miedo o necesidad de aprobación, pudiendo crear un espacio antes de reaccionar automáticamente.

Desde una perspectiva experiencial podemos prestar atención a lo que ocurre en el momento presente cuando hablas de determinadas relaciones, expresas una necesidad o intentas poner un límite.

Y cuando aparecen culpa, vergüenza o una autocrítica intensa, podemos incorporar elementos de la terapia centrada en la compasión para trabajar la relación que mantienes contigo mismo.

El objetivo no es conseguir que todas tus relaciones familiares sean fáciles ni decidir por ti qué relación debes mantener.

Se trata de comprender mejor lo que ocurre, reconocer tus necesidades y encontrar una forma de relacionarte que sea más coherente contigo.

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda por dificultades familiares?

No necesitas esperar a que exista una ruptura familiar ni tener claro quién tiene la razón.

Puede ser útil buscar ayuda cuando las relaciones con tu familia generan un malestar que se mantiene en el tiempo, cuando determinados conflictos se repiten o cuando sientes que no encuentras una manera de relacionarte con ellos que te permita estar tranquilo.

También cuando te cuesta poner límites, te sientes constantemente culpable, necesitas demasiado la aprobación de tu familia o notas que determinadas situaciones despiertan en ti emociones especialmente intensas.

Puede ser igualmente útil cuando estás atravesando un cambio importante en una relación familiar y no sabes cómo situarte ante él.

Si quieres comprender mejor qué está ocurriendo y encontrar una manera diferente de relacionarte con tu familia, podemos trabajar sobre ello.

Si tu relación con tu familia te está generando malestar

Podemos hablar sobre ello y valorar si la terapia puede ayudarte.