Duelo, pérdidas y cambios vitales

Cuando una pérdida cambia tu vida y necesitas encontrar una manera de convivir con lo que ha ocurrido sin dejar de avanzar.

Cuando pierdes algo importante, algo cambia

Hay pérdidas que transforman tu vida y cuya importancia no desaparece simplemente porque pase el tiempo.

Perder a una persona, una relación, una etapa de tu vida o algo que era importante para ti puede cambiar muchas cosas.


El duelo no consiste únicamente en sentir tristeza. Puede aparecer añoranza, rabia, culpa, desconcierto, vacío, miedo o incluso momentos en los que no sientes prácticamente nada.

A veces puedes tener la sensación de que una parte de tu vida ha quedado detenida mientras todo lo demás continúa.


Y no siempre se trata de aprender a «superar» lo ocurrido. Hay pérdidas que no se superan en el sentido de dejar de importar. Con el tiempo, puede tratarse más bien de encontrar una manera diferente de relacionarte con esa ausencia y con la vida que continúa.

Puedes sentir cosas que no esperabas

No siempre resulta fácil aceptar cómo reaccionas ante una pérdida, especialmente cuando tus emociones no coinciden con lo que creías que deberías sentir.

A veces lo más difícil no es solamente la pérdida, sino descubrir cómo estás reaccionando ante ella.

Puedes sentir alivio después de un periodo largo de enfermedad o cuidados. Puedes enfadarte con la persona que has perdido. Puedes sentirte bien durante un rato y después experimentar culpa por haber disfrutado.

También puede ocurrir que no llores como esperabas, que necesites volver a tu rutina antes de lo que imaginabas o que haya momentos en los que simplemente no sientas nada.

El duelo no tiene una forma correcta de vivirse.

Sentir algo que no esperabas no significa que quieras menos a quien has perdido ni que estés viviendo mal el duelo.

Cuando aparece la culpa

Después de una pérdida, puedes quedarte atrapado en lo que hiciste, en lo que no hiciste o en aquello que imaginas que podrías haber cambiado.

Después de una pérdida, es posible empezar a repasar una y otra vez lo ocurrido.

«Si hubiera hecho otra cosa…»

«Debería haberme dado cuenta».

«Podría haberlo evitado».

«¿Por qué no hice…?»

A veces puede existir algo que realmente lamentas haber hecho o dejado de hacer. Otras veces puedes estar atribuyéndote una responsabilidad que, cuando se mira con algo más de distancia, quizá no te corresponde por completo.

La culpa puede mantenerte atrapado en aquello que ocurrió, intentando encontrar una decisión diferente que hubiera cambiado el resultado.

En terapia podemos detenernos ahí sin apresurarnos a decirte que «no fue culpa tuya». Puede ser importante comprender qué ocurrió, qué responsabilidad tienes realmente, qué estaba bajo tu control y qué no.

Asumir responsabilidad por aquello que te corresponde no es lo mismo que cargar con todo lo que ocurrió.

Cuando la culpa se convierte en vergüenza

En ocasiones, el juicio sobre lo que hiciste (o no hiciste) termina convirtiéndose en un juicio sobre quién eres.

A veces el juicio sobre lo ocurrido va más allá de una conducta concreta.

Ya no aparece solamente:

«Hice algo mal».

Sino:

«Soy una mala persona».

«Soy un mal padre».

«No merezco perdonarme».

La diferencia puede ser importante. La culpa puede llevarte a cuestionar algo que hiciste; la vergüenza puede hacer que aquello que ocurrió termine convirtiéndose en una conclusión sobre quién eres.

Esto puede resultar especialmente doloroso cuando la pérdida está relacionada con algo que hiciste, con una decisión que lamentas o con algo que sientes que deberías haber podido evitar.

No se trata de negar lo ocurrido ni de convencerte rápidamente de que no eres responsable de nada.

Se trata de diferenciar lo que hiciste de quién eres, comprender qué responsabilidad te corresponde y evitar que un acontecimiento termine convirtiéndose en una condena permanente sobre ti mismo.

Seguir viviendo no significa olvidar

Puedes continuar con tu vida y seguir echando de menos. Una cosa no tiene por qué borrar la otra.

Después de una pérdida puede aparecer una sensación difícil de explicar: una parte de ti sabe que tienes que continuar, mientras que otra siente que hacerlo significa dejar atrás aquello que has perdido.

Quizá volver a disfrutar te haga sentir culpable. Quizá empezar una nueva relación, hacer planes o simplemente tener un buen día te haga preguntarte si estás olvidando demasiado pronto.

Pero seguir viviendo no significa borrar lo ocurrido.
Puedes continuar con tu vida y seguir echando de menos.

Puedes volver a disfrutar y seguir queriendo a quien ya no está. Puedes construir nuevas experiencias sin que eso convierta las anteriores en menos importantes.

Avanzar no tiene por qué significar dejar atrás.

¿Cómo podemos trabajar el duelo en terapia?

La terapia no busca que dejes de sentir tristeza ni que cierres el duelo cuanto antes, sino que puedas encontrar una manera de convivir con lo ocurrido.

Podemos empezar por dar espacio a lo que estás viviendo y comprender cómo ha cambiado tu vida a partir de la pérdida.

También podemos explorar las emociones que aparecen, incluso aquellas que te resultan difíciles de aceptar. Cuando hay culpa, podemos detenernos a comprender qué ocurrió realmente y diferenciar aquello de lo que puedes responsabilizarte de aquello que estaba fuera de tu control.

Si aparece vergüenza, podemos explorar cómo el acontecimiento ha influido en la imagen que tienes de ti mismo y cómo has llegado a convertir lo ocurrido en una conclusión sobre quién eres.

En función de lo que necesites, podemos trabajar desde diferentes perspectivas:

  • Trabajo experiencial: podemos prestar atención a cómo aparece la pérdida en el presente, qué emociones surgen y qué necesitas cuando entras en contacto con ella.

  • Mindfulness: puede ayudarte a relacionarte de otra manera con pensamientos, recuerdos y emociones dolorosas sin tener que luchar constantemente contra ellos.

  • Terapia centrada en la compasión: cuando aparecen culpa, autocrítica o vergüenza intensa, podemos trabajar para desarrollar una relación contigo mismo que no implique negar tu responsabilidad ni convertir el sufrimiento en un castigo permanente.

El objetivo no es conseguir que la pérdida deje de doler. Es poder encontrar una manera de convivir con lo ocurrido y seguir construyendo tu vida sin tener que traicionar lo que has perdido.

 

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda?

No necesitas estar viviendo el duelo de una manera incorrecta para necesitar un espacio en el que poder hablar de lo que te ocurre.

Puede ser útil buscar un espacio terapéutico cuando sientes que no encuentras cómo afrontar lo ocurrido, cuando la culpa o la vergüenza se han convertido en una parte importante de tu sufrimiento o cuando la pérdida está afectando profundamente a tu manera de relacionarte contigo mismo y con los demás.

También cuando sientes que estás intentando seguir adelante pero no encuentras cómo hacerlo, cuando determinadas emociones se vuelven especialmente difíciles de sostener o cuando simplemente necesitas un lugar donde poder hablar de aquello que has perdido sin tener que proteger a los demás de lo que estás sintiendo.


No existe un plazo que determine cuándo deberías haber dejado de sufrir por una pérdida. Pedir ayuda no significa que tu duelo sea patológico. A veces significa simplemente que no quieres tener que atravesarlo solo.

Un espacio para hablar de lo que has perdido

No tienes que dejar de echar de menos para poder seguir viviendo.
Podemos hablar sobre lo que has perdido, sobre lo que ha cambiado para ti y sobre aquello que estás viviendo ahora, y valorar juntos si la terapia puede ayudarte.