Estrés
Cuando las demandas de tu vida empiezan a superar los recursos que tienes disponibles para afrontarlas y sientes que ya no consigues desconectar.
Estar estresado no significa que tengas un problema psicológico
El estrés forma parte de la vida. La cuestión es qué ocurre con esa respuesta y qué lugar empieza a ocupar en tu día a día.
El estrés aparece cuando tenemos que afrontar demandas, cambios, responsabilidades o situaciones que requieren una respuesta por nuestra parte.
Un examen, una entrevista de trabajo, una época de mucho trabajo, un cambio importante o un conflicto con alguien pueden generarlo. Y que aparezca en estas situaciones no significa que haya algo que esté funcionando mal en ti.
De hecho, cierto grado de activación puede ayudarnos a concentrarnos, movilizar recursos y responder ante aquello que tenemos delante. A este tipo de respuesta adaptativa se le denomina eustrés.
Por eso, el problema no es sentir estrés. La cuestión es cuánto tiempo se mantiene, cómo estás respondiendo a las demandas y qué consecuencias tiene en tu vida.
Cuando el estrés empieza a desbordarte
El estrés puede dejar de ayudarte a afrontar una situación y convertirse en una fuente de malestar.
A veces, la situación que lo genera desaparece y puedes volver progresivamente a tu estado habitual. Otras veces, las demandas se mantienen durante semanas o meses y sientes que no consigues recuperar el equilibrio.
Puede que estés constantemente ocupado, que te cueste desconectar incluso cuando has terminado tus obligaciones o que tengas la sensación de estar siempre pendiente de lo siguiente que tienes que resolver.
También pueden aparecer irritabilidad, dificultad para concentrarte, tensión, problemas para dormir, molestias físicas o cambios en el apetito.
Cuando la respuesta de estrés deja de resultar adaptativa y empieza a generar un malestar importante o a interferir en tu descanso, tus relaciones, tu trabajo o tu vida cotidiana, podemos hablar de distrés.
No se trata simplemente de tener mucho estrés. Importa también cuánto tiempo llevas así y hasta qué punto está afectándote.
Eustrés y distrés: no todo el estrés es igual
Sentirte activado ante una situación exigente no es lo mismo que vivir bajo una presión de la que no consigues recuperarte.
Puedes atravesar una época exigente y sentirte activado, preocupado o cansado, pero seguir teniendo recursos para afrontar lo que está ocurriendo. Esa activación puede incluso ayudarte a responder ante la situación.
En otros momentos, las demandas pueden llegar a sentirse como excesivas y la respuesta de estrés convertirse en una fuente importante de malestar.
La diferencia no está únicamente en cuánto estrés sientes. También importa cómo afecta a tu funcionamiento, cuánto tiempo se mantiene y si consigues recuperarte cuando la situación lo permite.
Estar estresado no significa necesariamente estar enfermo. El estrés puede ser una respuesta normal y adaptativa ante determinadas circunstancias. La dificultad aparece cuando deja de ayudarte a afrontar lo que ocurre y empieza a limitar tu vida.
Cuando ya no consigues desconectar
La situación puede haber terminado, pero tu mente sigue pendiente de todo lo que queda por resolver.
Una de las dificultades más habituales cuando el estrés se mantiene es que la activación no desaparece cuando termina la situación que la provoca.
Puedes llegar a casa y seguir pensando en el trabajo. Intentar descansar y sentir que deberías estar haciendo algo. Pasar tiempo con otras personas mientras tu cabeza continúa ocupada con aquello que tienes pendiente.
Quizá incluso cuando tienes un momento libre aparece inmediatamente otra preocupación, otra tarea o algo que deberías estar resolviendo.
Con el tiempo, esta dificultad para desconectar puede hacer que sientas que no existe realmente un momento en el que puedas dejar de estar pendiente de todo.
No siempre puedes cambiar aquello que te está generando estrés
Hay situaciones que puedes modificar y otras que no dependen completamente de ti.
A veces podemos cambiar directamente la situación que está provocando el estrés. Otras veces no es tan sencillo.
Puede haber responsabilidades que no puedes abandonar, problemas laborales que no dependen completamente de ti, una situación familiar complicada o un cambio vital que simplemente necesita tiempo para resolverse.
Por eso, trabajar el estrés no consiste siempre en eliminar aquello que lo provoca.
También puede implicar comprender cómo estás respondiendo ante esa situación, qué exigencias te estás imponiendo, qué intentas controlar y qué recursos tienes disponibles.
Se trata de encontrar formas de afrontar lo que está ocurriendo sin que toda tu vida quede organizada alrededor de ello.
¿Cómo podemos trabajar el estrés en terapia?
Comprender qué está generando el estrés y cómo respondes ante él nos permite empezar a trabajar sobre aquello que lo mantiene.
Podemos explorar las situaciones que lo activan, la forma en que las interpretas, las exigencias que aparecen y aquello que haces cuando sientes que no puedes más.
También podemos observar qué ocurre con tu descanso, tus relaciones, tus hábitos y tu capacidad para desconectar.
Desde una perspectiva cognitivo-conductual, podemos trabajar los pensamientos y patrones de conducta que estén contribuyendo a mantener el malestar, así como desarrollar formas más eficaces de afrontar determinadas situaciones.
El mindfulness puede ayudarte a reconocer estados de activación, pensamientos y preocupaciones sin reaccionar automáticamente ante ellos, especialmente cuando sientes que tu mente permanece constantemente ocupada.
También podemos prestar atención, desde una perspectiva experiencial, a cómo vives la exigencia y la presión en el momento presente: qué ocurre en tu cuerpo, qué necesitas y qué haces contigo mismo cuando sientes que no llegas a todo.
El objetivo no es conseguir una vida sin estrés, sino poder responder a sus demandas sin que termine ocupando más espacio del que necesitas darle.
¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda por estrés?
No necesitas esperar a encontrarte completamente desbordado para pedir ayuda.
Puede ser útil buscar apoyo cuando llevas tiempo sintiéndote bajo presión y no consigues recuperar tu equilibrio, cuando el estrés empieza a afectar a tu descanso, tus relaciones, tu trabajo o tus actividades habituales, o cuando sientes que incluso durante el tiempo libre no consigues desconectar.
También cuando llevas tiempo intentando manejar la situación por tu cuenta y notas que tus recursos habituales ya no están siendo suficientes.
Sentirte estresado no significa que tengas un trastorno. Pero si la manera en que estás viviendo ese estrés empieza a limitar tu vida o a generar un malestar que no consigues manejar, puede ser un buen momento para detenerte y comprender qué está ocurriendo.
No necesitas esperar a estar completamente desbordado para pedir ayuda.
Podemos hablar sobre lo que está ocurriendo, comprender qué está manteniendo tu estrés y valorar juntos si la terapia puede ayudarte.