Trauma y experiencias difíciles

Cuando algo que has vivido sigue influyendo en cómo te sientes, cómo te relacionas o en la forma en que afrontas tu vida

Cuando algo que ocurrió sigue teniendo peso

Una experiencia puede haber terminado y, aun así, seguir influyendo en cómo te encuentras hoy.

Hay experiencias que pueden resultar especialmente difíciles de atravesar. A veces se trata de un acontecimiento concreto e inesperado; otras, de una situación que se prolonga en el tiempo o de algo que ocurre dentro de una relación importante.

Puede que aquello ya haya terminado y, sin embargo, notes que algo ha cambiado.

Quizá estás más alerta, evitas determinadas situaciones, te cuesta confiar o aparecen recuerdos y sensaciones que no esperabas. O simplemente tienes la impresión de que, desde entonces, ya no eres exactamente el mismo.

También puede ocurrir que no tengas claro si lo que viviste puede considerarse traumático.

No necesitas ponerle una etiqueta a lo que viviste para reconocer que algo te está afectando.

Lo importante puede ser detenerte a comprender qué está ocurriendo y qué lugar sigue ocupando esa experiencia en tu vida.

No todas las experiencias difíciles son iguales

Lo que vivimos puede afectarnos de maneras diferentes, y no todo sufrimiento tiene que convertirse en un diagnóstico.

Una experiencia difícil puede adoptar muchas formas.

Puede tratarse de una situación en la que sentiste que tu integridad estaba en peligro, de una experiencia de violencia o abuso, de un accidente, una pérdida, una enfermedad o un cambio vital importante.

También puede ocurrir dentro de una relación en la que durante mucho tiempo te has sentido inseguro, controlado o desbordado.

Hay situaciones que pueden generar una respuesta de estrés importante o hacer que adaptarte a lo ocurrido resulte especialmente difícil, aunque no encajen en lo que habitualmente entendemos por trauma.

Algunas reacciones forman parte de la manera en que respondemos ante situaciones difíciles. Otras pueden mantenerse, intensificarse o empezar a interferir en nuestra vida.

Comprender qué te está ocurriendo y cómo está afectándote es más importante que encontrar una etiqueta de inmediato.

A veces lo más difícil aparece después

No siempre reconocemos el efecto de una experiencia mientras estamos intentando salir adelante.

Puede que durante un tiempo hayas seguido haciendo lo que necesitabas hacer y que sea más adelante cuando empiecen a aparecer dificultades.

Problemas para dormir, irritabilidad, sensación de estar constantemente alerta, recuerdos que aparecen sin querer o necesidad de evitar determinadas situaciones.

En otras ocasiones, lo que más llama tu atención no es una reacción concreta, sino un cambio en tu manera de relacionarte contigo mismo o con los demás.

Quizá intentas evitar pensar en lo sucedido y, durante un tiempo, eso parece ayudarte.

Pero si aquello sigue condicionando tus decisiones, tus relaciones o la forma en que vives determinadas situaciones, puede ser útil detenerte a comprender qué está ocurriendo.

Lo que ocurrió no explica por sí solo cómo te encuentras hoy

Para comprender cómo te afecta una experiencia, también necesitamos mirar qué ha ocurrido desde entonces.

Una experiencia puede ser importante, pero el modo en que cada persona la vive y responde a ella es diferente.

En terapia podemos explorar qué ocurrió, pero también qué significado tuvo para ti, cómo respondiste entonces y qué ha sucedido desde ese momento.

Puede ser importante comprender qué situaciones siguen activando determinadas respuestas, qué haces cuando aparecen y qué has aprendido a hacer para protegerte o sentirte seguro.

No se trata únicamente de mirar hacia atrás.

Se trata de comprender cómo aquella experiencia se relaciona con lo que te ocurre ahora.

Comprender no significa revivirlo todo

Empezar un proceso terapéutico no significa que tengas que contarlo todo desde el primer momento ni enfrentarte de golpe a aquello que más te cuesta.

Cuando algo ha sido especialmente doloroso, puede aparecer el miedo a tener que volver a pasar por ello para poder trabajarlo.

Pero podemos empezar por comprender cómo estás ahora, qué necesitas y qué lugar ocupa esa experiencia en tu vida.

El ritmo y la forma de trabajar dependerán de lo que vayamos descubriendo y de aquello que resulte adecuado para ti.

A veces, antes de acercarnos directamente a una experiencia difícil, es necesario construir recursos y una mayor sensación de seguridad.

El objetivo no es hacerte revivir el sufrimiento, sino ayudarte a relacionarte con aquello que ocurrió de una manera diferente.

Diferentes formas de vivir las experiencias difíciles

Algunas dificultades se resuelven con el tiempo; otras necesitan una atención más específica.

No todas las personas reaccionan de la misma manera ante aquello que les ocurre. Algunas respuestas pueden formar parte de una reacción normal ante una situación difícil y desaparecer a medida que la situación cambia o se procesa.

En otras ocasiones, las dificultades se mantienen o empiezan a interferir significativamente en la vida cotidiana. En esos casos, puede ser útil comprender con mayor precisión qué está ocurriendo.

Puedes profundizar en algunas experiencias concretas:

Estrés

Cuando las preocupaciones, las exigencias o las situaciones que estás viviendo empiezan a sobrepasarte y te cuesta recuperar la calma, puede ser útil comprender qué te está ocurriendo.

Trastorno de adaptación

Cuando un cambio importante o una situación difícil te cuesta más de lo esperado y empieza a afectar a tu bienestar, puedes necesitar un espacio para comprender lo que estás viviendo.

Estrés postraumático (TEPT)

Cuando una experiencia difícil sigue presente a través de recuerdos, sensación de alerta o evitación, puede ser útil comprender cómo te está afectando y cómo trabajarlo en terapia.

Trauma relacional

Cuando experiencias difíciles en relaciones importantes siguen influyendo en cómo confías, te vinculas o te sientes con los demás, podemos explorar qué huella han dejado en tu manera de relacionarte.

No se trata de encajar automáticamente lo que te ocurre en una categoría. Estas páginas pueden ayudarte a conocer algunas de las formas en que pueden aparecer las dificultades relacionadas con el estrés, la adaptación y las experiencias traumáticas.

¿Cómo podemos trabajar las experiencias difíciles en terapia?

No existe una única manera de trabajar sus consecuencias. El proceso dependerá de lo que hayas vivido y de cómo te esté afectando actualmente.

Podemos comenzar por comprender tus reacciones actuales, identificar aquello que las activa y explorar las estrategias que has desarrollado para afrontar lo ocurrido.

En función de tus necesidades, podemos trabajar desde diferentes perspectivas.

La terapia cognitivo-conductual (TCC) puede ayudarnos a explorar pensamientos, interpretaciones y patrones de conducta relacionados con lo que estás viviendo.

El mindfulness puede ser útil para desarrollar una relación diferente con determinadas sensaciones, pensamientos o emociones.

El trabajo experiencial nos permite prestar atención a cómo esa experiencia sigue apareciendo en el presente.

Y cuando la autocrítica, la vergüenza o la sensación de no ser suficiente tienen un papel importante, la terapia centrada en la compasión puede aportar otra forma de relacionarte contigo mismo.

Cuando exista una indicación adecuada, también podremos valorar otros abordajes específicos para el trauma.

El objetivo no es borrar lo que ocurrió ni hacer como si no hubiera pasado. Se trata de comprender cómo sigue influyendo en tu vida y recuperar progresivamente mayor libertad para relacionarte contigo mismo, con los demás y con lo que ocurre a tu alrededor.

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda?

No necesitas tener claro que has vivido un trauma ni contar con un diagnóstico para pedir ayuda.

Puede ser útil buscar apoyo cuando aquello que has vivido sigue ocupando demasiado espacio en tu vida, cuando determinadas situaciones despiertan reacciones que te cuesta comprender o manejar, o cuando sientes que desde lo ocurrido no has conseguido volver a encontrarte como antes.

También cuando empiezas a evitar situaciones, tienes dificultades para relacionarte, te cuesta confiar, permaneces constantemente en alerta o sientes que llevas mucho tiempo intentando seguir adelante sin conseguir dejar atrás determinadas consecuencias.

Si algo que has vivido sigue influyendo en tu manera de estar contigo mismo o con los demás, puede ser suficiente motivo para detenerte y comprender qué está ocurriendo.

No tienes que saber exactamente qué te ocurre para pedir ayuda.

Podemos hablar sobre lo que has vivido, comprender cómo sigue influyendo en tu vida y valorar juntos si la terapia puede ayudarte.