Es evidente que todas las escuelas de psicoterapia sostienen que las intervenciones con los pacientes han de ser llevadas a cabo de manera compasiva. Rogers (1957), en su Terapia Centrada en el Cliente, formuló las condiciones necesarias y suficientes de la relación terapéutica, incluyendo la aceptación incondicional, congruencia y empatía ̶ y que podemos considerar como compasivos ̶ . Más recientemente, la ciencia de la Psicología comenzó a desarrollar un creciente interés por la manera en que la terapia podía ayudar a los pacientes a desarrollar la compasión de manera explícita, tanto hacia los demás como hacia ellos mismos ̶ lo que llamaremos “autocompasión”̶ (Gilbert & Procter, 2006; Neff, 1996). Es en este marco donde aparece la Terapia Centrada en la Compasión (CFT).
